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Cómo la pérdida de insectos afecta la agricultura y nuestra salud

Alrededor del mundo disminuyen las poblaciones de estos organismos, cuyo rol en los ecosistemas es crucial.
Fotografía de una abeja sobre una flor
"Sin estos organismos la vida como la conocemos dejará de existir", dice Alejandro Córdoba investigador del Instituto de Ecología de la UNAM. (Foto: Getty Images)

Hace alrededor de 40 años, cuando Alejando Zaldívar recorría con su familia las carreteras de México, el parabrisas de su auto terminaba cubierto de distintos insectos que se estrellaban contra él. Con los años, sus números se fueron reduciendo hasta que no quedó casi ninguno que se cruzara en su camino. 

Esto fue un augurio de lo que hoy se describe como un declive global de insectos. Se calcula que alrededor del 40% de ellos están en peligro de extinción.

“A principios del 2000, a partir de recuentos anecdóticos se empezó a detectar una reducción de sus poblaciones”, dice Zaldívar, investigador del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y curador de la Colección Nacional de Insectos, en entrevista con TecScience.

Algunos entomólogos –los especialistas que dedican su vida a estudiar a este grupo de animales– habían notado que especies particulares estaban desapareciendo, pero la investigación científica tardó en poder demostrarlo. 

Desde los años 80 se empezó a reconocer que muchas especies estaban amenazadas, pero siempre se dejó de lado a los insectos”, cuenta Alex Córdoba, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM.

De acuerdo con los expertos, esto se debe a que visualmente pueden ser menos carismáticos que los pandas, los jaguares, los osos o los lobos –especies en las que hemos trabajado para conservar– aunque también a la dificultad de estudiarlos.

“Muchos son diminutos, entonces es virtualmente imposible saber precisamente cuántas especies habitan un lugar y cómo han cambiado sus poblaciones”, dice Zaldívar.

A pesar de los sesgos ocasionados por la falta de información sobre sus poblaciones, no quedan dudas sobre cómo los insectos son de los organismos más amenazados por la actividad humana.

Esta crisis debería preocuparnos pues son indispensables para la polinización, la reincorporación de nutrientes al suelo y el control natural de especies dañinas.

“Sin estos organismos la vida como la conocemos dejará de existir”, advierte Córdoba.

Cada vez se registran menos insectos en el mundo

En 2017, un grupo de investigadores reportó un declive de 76% en poblaciones de insectos voladores al seguir su presencia en áreas protegidas de Alemania a lo largo de 27 años. Este fue un parteaguas en el estudio de esta problemática.

“Si esto estaba pasando en Europa, donde la diversidad de insectos no es tan grande, ¿que sucedía en los trópicos?”, recuerda Zaldívar. 

Un año más tarde, en la selva de Luquillo en Puerto Rico, se reportó una disminución de un 98% en insectos terrestres asociada a un aumento en la temperatura.

Para 2019, las alarmas se encendieron cuando un estudio analizó los 73 artículos más relevantes sobre su declive. Este encontró una reducción del 41% de especies alrededor del mundo, con las mariposas, los escarabajos, las abejas, los abejorros y las libélulas entre las más afectadas.

Los abejorros son de los grupos de insectos más afectados por esta crisis. (Foto: Getty Images)

En México, este año se encontró que las mariposas monarca ocupan un 59% menos de territorio en el centro del país, comparado con el año anterior.  El registro ha existido desde 1993 y desde entonces, solo en 2013 había tan pocas de esta emblemática especie voladora. 

Estas investigaciones pintan un panorama lo suficientemente preocupante, sin considerar que todavía existen grandes lagunas de información sobre especies menos conocidas y, de acuerdo con los expertos, no hay razón para suponer que les está yendo mejor.

Estamos ante una extinción masiva de invertebrados, en particular de los insectos” expresa Zaldívar.

Responsables de la armonía en los ecosistemas

Aunque muchos asociamos a los insectos con especies que nos molestan −como los mosquitos o las cucarachas− estos organismos representan el 56% de la diversidad de animales del planeta.

“En términos de abundancia, nueve de cada diez son insectos”, cuenta Córdoba.

De estos, menos del 1% representan a las que son nocivas para el ser humano; el resto cumplen roles que son indispensables para la estabilidad de los ecosistemas y el bienestar del planeta.

Algunas especies como las abejas, los abejorros, los grillos, las mariposas, las moscas, las polillas y las avispas son polinizadoras de una gran diversidad de plantas incluyendo a las que dan peras, nueces, fresas, tomates o calabazas.

Los grillos, al igual que las mariposas y las abejas son responsables de polinizar plantas importantes para la humanidad. (Foto: Getty Images)

Agentes de la salud pública

Sin ellas, la agricultura es virtualmente imposible y, por lo tanto, la ganadería también. “Si no hay plantas, ¿qué van a comer las vacas y los cerdos con los que nos alimentamos?”, cuestiona Zaldívar.

Otros, como las hormigas y los escarabajos, se encargan de descomponer materia orgánica y reintegrar nutrientes a los suelos, contribuyendo a su salud.

También existen las que son un control natural de otras especies, incluyendo las que consideramos plagas.

En un estudio reciente, Córdoba y su equipo, encontraron que en un parque en Cuernavaca, cuando las poblaciones de una especie de libélula disminuye, proliferan los mosquitos y a su vez la aparición de enfermedades como el dengue, chikungunya y Zika.

“Este es solo un ejemplo de la importancia de algunas especies de insectos en materia de salud pública”, recalca Córdoba.

Si estas razones no son suficientes para ponerle atención a su conservación, los expertos nos invitan a cuestionarnos desde una perspectiva filosófica: los insectos son tan importantes -o incluso más- que los seres humanos y tener que justificar su importancia y derecho de existir con base en los beneficios que nos traen es una visión antropocéntrica.

¿Por qué están desapareciendo?

Sobre las causas detrás de la disminución de poblaciones de insectos, los investigadores señalan que, aunque son variadas, de hecho todas se deben directa o indirectamente a la actividad humana.

“Los procesos de extinción en el planeta siempre han existido, pero la forma en que hemos procedido en los últimos 30 años ha sido terrible”, expresa Córdoba. “Estamos muy lejos de un proceso de extinción natural”.

Uno de los factores más importantes es el uso de los insecticidas en la agricultura y las casas particulares.

También lo es la pérdida de hábitat por el cambio de uso de suelo. Al reemplazar ecosistemas como una selva por un pastizal con un monocultivo, se reduce la biodiversidad que pueden sostener. 

La contaminación y el mal uso del agua de ríos, lagos y lagunas se suma como una causa importante pues muchas especies dependen de esta para anidar y desarrollarse.

La crisis ambiental, el calentamiento global y la disminución de lluvias son particularmente dañinas pues una gran cantidad de insectos dependen de rangos de temperatura y humedad sumamente específicos para sobrevivir.

“Se piensa que los insectos son todos súper resistentes, como las cucarachas, pero la mayoría son tan frágiles como un panda”, dice Zaldívar. “Las que van a sobrevivir son las más resilientes, y muchas de ellas son consideradas plagas, como las moscas, cucarachas y mosquitos”.

La venta de insectos comestibles que son producto de la recolección y no de la crianza, la venta ilegal de especies que se consideran exóticas y la contaminación lumínica también son causas que contribuyen a esta catástrofe.

“Todo esto se relaciona con nuestro estilo de vida, donde privilegiamos la comodidad sobre todas las cosas”, reflexiona Córdoba. “Es una economía rampante que cree que la naturaleza de donde proviene esta riqueza es interminable, pero no es así”.

¿Cómo podemos evitar su desaparición?

Aunque la situación es devastadora, como individuos, hay cosas que podemos hacer para ayudar a frenar el daño que hemos causado.

“Pensamos que no está en nuestras manos ayudar, pero claro que sí podemos”, dice Zaldívar. 

La primera recomendación es optar por sembrar plantas nativas de nuestra región, que puedan servir como fuente de alimento para insectos de ahí. Estas, o los hoteles de insectos pueden ser colocados en ventanas, techos o balcones.

Si tenemos jardín, es mejor no tener pasto y dejar que la maleza y la flora local crezcan libremente.

También podemos reemplazar insecticidas que contengan sustancias nocivas –para nuestra salud y la de otros animales– con repelentes menos dañinos, como los aceites esenciales

“Tardan un poquito más en surtir efecto, pero son igual de eficientes”, dice Córdoba.

Recientemente, él, junto con un grupo de investigadores y estudiantes, publicaron dos números especiales del boletín de la Sociedad Científica Mexicana de Ecología sobre la extinción de los insectos, donde incluyen una sección de consejos prácticos para aportar.

En ella, enlistan algunas especies nativas de plantas con flores de algunas de las ciudades más importantes del país, así como una serie de alternativas naturales que sirven como repelentes o insecticidas, para reemplazar los sintéticos. 

“También pueden contactarnos directamente si tienen alguna duda o quieren contribuir”, invita Córdoba.

Además, es importante desechar los medicamentos que ya no usamos en las farmacéuticas para que estas dispongan de ellos de forma apropiada y no contaminen.

El priorizar alimentos que hayan sido obtenidos o creados de forma sustentable y cuidar el agua, también son medidas efectivas al alcance de todos.

“Hay que proteger a los que no vemos, no nada más lo que es bonito y nos cuentan en la televisión”, concluye Zaldívar.

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Autor

Inés Gutiérrez Jaber