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Las universidades como semilleros de innovación

¿Cuáles son los retos de la innovación educativa ante un mercado laboral que requiere nuevos perfiles profesionales?
Ilustración con dispositivos científico como un microscopio, una lupa, una computadora y un cubo
La investigación es una herramienta básica para desarrollar innovación educativa. (Ilustración: Getty Images)

La investigación como motor de la innovación educativa es una asignatura pendiente en los sistemas de educación latinoamericanos, de acuerdo con expertos que se presentaron en el Congreso de Investigación e Innovación Educativa (CIIE) del Tec de Monterrey.

«Hay que educar a personas que estén preparadas para un mundo cambiante y estén comprometidas con causas sociales, como la sustentabilidad, en lugar de solo ofrecer educación para formar trabajadores», comentó Francesc Pedró, director del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe.

En su participación en el CIIE, Pedró explicó que en el panorama actual de evolución tecnológica y de cambios educativos es una oportunidad para aprovechar a las universidades como espacios que generan conocimiento y evolucionan sus modelos hacia el futuro.

Los datos oficiales indican que solo 12.1% de la población mexicana cursó alguna carrera profesional, en 2021. Es por ello que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Cultura y la Ciencia (UNESCO) ha alertado sobre la necesidad de discutir el futuro de la educación superior ante los cambios que trajo la pandemia.

De hecho, desde la Tercera Conferencia Mundial de Educación Superior de la UNESCO, en 2022, el organismo internacional insistió en la importancia de la investigación como pieza clave en el futuro de la educación superior.

Sin embargo, se estima que solo 15% de las instituciones de educación superior latinoamericanas tienen una partida presupuestal destinada a la investigación y éstas solo destinan 5% de su presupuesto a esta área.

Innovación educativa ¡a prueba!

Una gran limitante para convertir a las universidades en «laboratorios vivientes» es la falta de recursos, especialmente dentro del sector público, puntualizó el funcionario de UNESCO, en entrevista con TecScience.

Es por ello que se vuelve relevante la necesidad de regulaciones para alentar este tipo de iniciativas y generar incentivos para que más universidades y docentes avancen en esa dirección, tomando, siempre como base, la investigación científica.

“Un excelente investigador probablemente puede transmitir pasión por lo que hace, pero no significa que te pueda acompañar adecuadamente como profesor. Eso requiere conocimientos y capacidades que deben aprenderse y creo que eso es algo que puede tener éxito en América Latina”, comentó Pedró.

Los centros de investigación dentro de las universidades también requieren de infraestructura, equipamiento y redes de cooperación internacionales, advirtió el directivo de la UNESCO.

“La investigación no es algo que planees hacer un domingo lluvioso mientras estás en casa”, dijo.

Nuevo modelos en la delantera

En las ponencias que se presentaron en el CIIE se explicó que, con la pandemia, la educación vivió algunos cambios que se pensaba llegarían en el futuro, como la incorporación de tecnología blockchain, realidad virtual e inteligencia artificial. Además de la necesidad de desaprender y volver a aprender, ya que cada vez desaparecen y aparecen más empleos en el mundo. 

En ese mismo congreso de innovación educativa, Elena Arias Ortiz, especialista en educación del Banco Interamericano de Desarrollo, advirtió que los ganadores y perdedores en el futuro serán quienes puedan ofrecer a las personas entrenamientos, reeducación y habilidades superiores para estos nuevos empleos.

“Uno de los riesgos más grandes para la región (Latinoamérica y Caribe) es no invertir suficiente en la educación”, lanzó la investigadora.

Los ponentes se refirieron a que entre las habilidades que deberán incluirse en las currículas educativas para el siglo 21 deberán estar el pensamiento crítico y la creatividad, que antes vistas como asignaturas complementarias, pero que en la actualidad han demostrado que son indispensables.  

Arias Ortiz explicó que algunos países miembros de la Unión Europea ya han realizado investigaciones y están trabajando para crear un sistema de «micro-credencialización” que sea aceptado en varios trabajos. Este modelo educativo consiste en aprender las habilidades necesarias para un empleo específico, sin la necesidad de cursar una carrera completa. 

Agregó que los países desarrollados han logrado innovar en educación, pero que los mecanismos para fomentar la investigación en América Latina son aún asignatura pendiente, pues otro de los grandes retos de la región es la politización de la educación.

Al respecto, el directivo de la UNESCO advirtió que algunas instituciones —en su mayoría privadas— han reconocido la importancia de la investigación y buscan desarrollar cada vez más a sus docentes e investigadores. 

“Por ejemplo, en el Tec de Monterrey cada docente debe tener determinadas horas de formación cada año, algo que en una universidad pública no se ve tanto”, enfatizó Pedró.

El Tec de Monterrey también ha trabajado en reducir la brecha de la investigación y la práctica con proyectos en los que algunos de sus campus se transforman en espacios de trabajo de investigaciones científicas relevantes para la sociedad.

De acuerdo con información presentada en el CIIE, el modelo de innovación educativa del Tec genera ideas con potencial de transformación social y brinda nuevas experiencias para los alumnos que cursan su educación superior y posgrados.

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Autor

Asael Villanueva

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