Obtener una patente podría parecer el último escalón tras varios años de investigación, pero en realidad es apenas el inicio del camino para generar impacto en el mundo real. Con ella comienza el proceso de transferencia de tecnología para convertir el conocimiento en aplicaciones concretas capaces de llegar al mercado.
Joel Cano, director de Transferencia de Tecnología en el Tecnológico de Monterrey, explica que, aunque la patente permite proteger el conocimiento que se genera en el laboratorio y otorga derechos sobre su uso, no define cómo se va a utilizar ni en qué contextos tendrá mayor valor.
“La patente es apenas el primer paso de un viaje que hay que hacer desde un punto de vista científico y tecnológico”, señala Cano. Una patente te da el derecho de utilizar esa tecnología, pero todavía falta desarrollar cuáles son sus aplicaciones.
De una invención a múltiples aplicaciones
Cuando el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) otorga una patente, el siguiente paso para los investigadores es definir qué alcances tiene su innovación y qué se puede hacer con ella. Una misma invención puede tener múltiples aplicaciones para diferentes soluciones e industrias, dependiendo de cómo se desarrolle.
Por ejemplo, menciona Cano, la patente para un dispositivo de impresión caótica obtenida por investigadores del Álvarez-Trujillo Lab es aprovechada por Forma Foods, una empresa de base científico-tecnológica del Tec enfocada en innovar en la industria de alimentos. Pero también tiene potencial para impactar en el sector salud, con la capacidad para imprimir tumores que permitan probar tratamientos en el laboratorio y no en los pacientes.
“Así como podemos imprimir carne a partir de proteínas vegetales para alimentarnos, también podemos imprimir tumores para probar medicamentos; es la misma tecnología con aplicaciones completamente distintas”, comenta Cano.
Agrega que, en ese sentido, los investigadores deben preguntarse y explorar cuáles son las aplicaciones que pueden tener mayor valor o deseabilidad en un mercado específico. Incluso después de este análisis, una patente puede convertirse en una plataforma tecnológica para el nacimiento de otras innovaciones que también pueden patentarse.
Validación de mercado e impacto
El director señala que, cuando ya se han identificado posibles aplicaciones, es necesario buscar clientes potenciales con los que se pueda trabajar. Por ejemplo, en modelos de negocio entre empresas (B2B) o dirigidos a consumidores finales (B2C), para entender si la tecnología de esta patente responde a una necesidad concreta en el mercado.
“Tienes que salirte del laboratorio ya con tu patente a la mano, ya protegida, y empezar a generar alianzas o negocios con clientes potenciales; por ejemplo, en un modelo de negocio a negocio, identificar qué empresas podrían utilizar esa tecnología en particular y, a partir de ahí, desarrollar alianzas y llevar a cabo la validación”, dice Cano.
En este proceso para validar una tecnología, se utilizan múltiples criterios que ayudan a medir su potencial. Por ejemplo, en el Tec de Monterrey se aplican dos tipos de métricas:
- De mercado: para saber si tiene demanda, atiende una necesidad real y tiene viabilidad comercial.
- De impacto: para identificar si resuelve un problema relevante (salud, medio ambiente o manufactura) y genera beneficios más allá del mercado.
“En el Tec tenemos una clasificación de cuáles se han identificado a través de un mecanismo comercial o económico y a través de uno de impacto, y se organizan justo por esas necesidades del mercado”, explica.
“Puede ser la necesidad de una industria o una empresa en particular, pero también puede ser un impacto en un sector específico del país. Por ejemplo, en el área de salud, los temas de obesidad que identificamos a través de un instituto que justamente analiza los impactos que genera este problema. Ahí decimos: ‘Oye, esto tiene un valor comercial, pero también social o de salud importante’ y lo clasificamos en función de eso”.
Prototipos y productos mínimos viables
Tras el proceso de validación, el siguiente paso es desarrollar versiones de la tecnología que se puedan probar en condiciones cercanas a la realidad, es decir, crear prototipos o productos mínimos viables (MVP, por sus siglas en inglés) que se puedan validar a través de modelos ágiles, que son metodologías para hacer evaluaciones y ajustes rápidos y con pocos recursos.
También se consideran dos dimensiones para identificar la evolución de la tecnología y saber qué tan cerca está de llegar al mercado:
- Technology Readiness Level (TRL): Mide su madurez técnica, desde pruebas iniciales en laboratorio hasta una aplicación lista para usarse en condiciones reales.
- Innovation Readiness Level (IRL): Evalúa qué tan preparado está el entorno para adoptar la innovación, considerando factores como regulación, demanda y viabilidad de implementación.
Licenciamiento o spin-off: dos rutas para llegar al mercado
Cuando la tecnología ya tiene un avance significativo, se deben tomar decisiones sobre su camino hacia el mercado; por ejemplo, decidir si se licenciará la tecnología a una empresa que ya existe o se creará un nuevo emprendimiento, como una spin-off, es decir, una empresa derivada de la investigación.
Cano dice que esta es una decisión de negocios y depende de diversos factores, como el tamaño del mercado, el riesgo y la necesidad de capital para escalar la innovación.
“Ahí es donde tú tienes que empezar a decir: ‘Ok, yo genero a lo mejor la idea original en un grupo de investigadores y luego se conecta con emprendedores que pueden levantar algún tipo de capital y llevar a la siguiente fase’. Pero tal vez en la última etapa requieres inversiones de una industria, como la farmacéutica, y este proyecto que ya se convirtió en un emprendimiento requiere una inversión millonaria para escalar esa tecnología a nivel global y hay que buscar un comprador”.
Escalar requiere inversión y aliados
Eso no significaría haber hecho un mal negocio, señala Cano; por el contrario, sería haber identificado el nivel de escala de inversión y de oportunidad, que debe crecer de manera geométrica y no lineal, pues las inversiones que requiere la tecnología para ir avanzando cada etapa atraviesan desde un nivel de startup hasta una escala global con la transferencia de tecnología a una empresa multinacional.
En este camino, los investigadores deben atravesar distintas etapas de inversión, que van desde el capital inicial y semilla, donde las instituciones académicas como el Tec pueden participar, hasta rondas avanzadas, como las series A, B o C, que suelen involucrar fondos de capital de riesgo (venture capital) y empresas que buscan adquirir tecnologías maduras y con gran potencial para el mercado.
El ecosistema del Tec para transferencia tecnológica
En el Tec, los investigadores son acompañados durante toda la ruta de su proyecto de innovación a través de la infraestructura y las herramientas que ofrecen los Distritos de Innovación, la Dirección de Transferencia de Tecnología y el Instituto de Emprendimiento Eugenio Garza Lagüera.
Cano señala que la duración de una patente depende de la tecnología y el tipo de protección, pero puede alcanzar los 20 o 30 años. En esta ruta, los investigadores pueden obtener beneficios económicos como inventores, pero también como emprendedores al asumir un rol en la startup. Además, considera que es un trabajo que no termina, pues ve necesaria una inversión continua en investigación y desarrollo.
“Es un camino que termina siendo como una especie de Lego; la primera patente es la base de una figura, pero vas generando componentes adicionales que pueden ser futuros activos de una nueva empresa creada, que a su vez puede invertir en investigación y desarrollo para crear tecnología nueva y adicional que no tiene que ver con la patente original”, señala.
Para el director, el éxito de una patente va más allá de proteger una tecnología: está en su capacidad para resolver problemas reales. La clave está en que, como innovación, pueda encontrar su vocación de mercado o de impacto que le permita tener una estrategia de crecimiento basada en resolver necesidades y en la integración con otras disciplinas y nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial.
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