La obesidad suele tratarse demasiado tarde. Aunque puede detonar enfermedades cardiovasculares, diabetes y daño renal durante años antes de ser atendida, menos del 5% de los pacientes recibe tratamiento y los médicos tardan entre cinco y siete años en intervenir, advirtió la endocrinóloga de la Universidad de Texas en San Antonio, Carolina Solis-Herrera, durante el Congreso Internacional de Investigación sobre Obesidad del Institute for Obesity Research del Tecnológico de Monterrey.
Tras su conferencia, habló con TecScience sobre cómo la obesidad dejó de ser una enfermedad asociada únicamente a los adultos, por qué la obesidad, la diabetes y la enfermedad cardiovascular forman parte de un mismo síndrome, y cómo una nueva generación de medicamentos podría cambiar el rumbo de esta pandemia.
La obesidad ya no es una enfermedad exclusiva de adultos
Para Solis-Herrera, uno de los cambios más preocupantes es el aumento de la obesidad en niños y adolescentes. “Desafortunadamente, la obesidad ya no es una enfermedad de adultos”, explicó.
La especialista destacó que ya existen medicamentos aprobados para pacientes mayores de 12 años y subrayó la importancia de intervenir desde edades tempranas, no solo para prevenir complicaciones metabólicas futuras, sino también por el impacto emocional y psicológico. “Durante la adolescencia hay mucho estigma, mucho bullying, mucha dismorfia psicológica, sobre todo en las niñas”, dijo.
La especialista insistió en que la obesidad no puede entenderse únicamente como un problema de disciplina o voluntad, ya que involucra factores genéticos, metabólicos e inflamatorios que afectan la regulación del apetito y el gasto energético.
Cómo el estigma sigue afectando a pacientes con obesidad
Solis-Herrera señaló que, aunque existe mayor comprensión científica sobre la obesidad, el estigma sigue afectando a muchos pacientes, especialmente por la presión estética y la percepción de que el peso depende únicamente del esfuerzo individual.
También señaló la influencia de los medios de comunicación y los estándares estéticos en la percepción corporal desde edades tempranas. Sin embargo, considera que hoy existe una mayor comprensión científica de la enfermedad.
“Ya hay mucho más entendimiento de por qué se genera la obesidad y que no es un problema de falta de fuerza de voluntad”, dijo. “Es un problema genético crónico inflamatorio que necesita medicamento a largo plazo”.
La relación entre obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular
Durante su conferencia, Solis-Herrera insistió en que la obesidad no debe entenderse como una condición aislada, sino como el origen de múltiples enfermedades. “Está involucrada con más de 200 complicaciones”, explicó, entre ellas, diabetes, enfermedad renal, cáncer, Alzheimer y enfermedades cardiovasculares.
La causa principal de muerte asociada sigue siendo la enfermedad cardiovascular, por lo que intervenir temprano puede prevenir años de daño metabólico acumulado.
Qué cambió con los agonistas de GLP-1
Para la especialista, los agonistas de GLP-1 marcaron un cambio importante en el tratamiento de la obesidad porque lograron mejores resultados clínicos y ayudaron a que la enfermedad comenzara a entenderse desde un enfoque metabólico y no únicamente estético.
Según la especialista, los tratamientos anteriores lograban pérdidas de peso de entre 5 y 7%, pero podían tener efectos adversos importantes, desde potencial adictivo hasta riesgos teratogénicos.
Los nuevos medicamentos, en cambio, han mostrado mejores resultados clínicos y un perfil de seguridad más favorable cuando se administran gradualmente.
La pandemia también cambió la percepción médica sobre la obesidad, explicó Solis-Herrera, al evidenciar que pacientes con obesidad presentaban mayores riesgos de hospitalización y complicaciones graves incluso cuando no tenían otros padecimientos previos.
Para la investigadora, esto confirmó que la obesidad también funciona como un factor de riesgo inflamatorio capaz de agravar otras enfermedades.
“No hay medicamentos mágicos”
Aunque reconoce el potencial de estas nuevas terapias, Solis-Herrera advierte que no deben verse como soluciones rápidas. “No hay medicamentos mágicos”, dijo.
Explicó que, al igual que ocurre con tratamientos para hipertensión o diabetes, los medicamentos contra la obesidad requieren seguimiento a largo plazo. “Si usted toma el medicamento para la obesidad a largo plazo y mantiene un buen peso, seguramente no va a desarrollar las complicaciones asociadas a la obesidad”.
Por qué los médicos siguen tratando tarde la obesidad
Otro de los temas centrales de su conferencia fue el síndrome cardio-renal-metabólico: la conexión entre obesidad, diabetes, enfermedad renal y enfermedad cardiovascular.
La endocrinóloga explicó que uno de los principales problemas es la “inercia terapéutica”: tratar primero enfermedades como hipertensión o diabetes sin intervenir desde etapas tempranas sobre la obesidad que contribuyó a detonarlas.
Según la especialista, muchos pacientes llegan con hipertensión, apnea del sueño o diabetes, pero el tratamiento rara vez aborda de inmediato el exceso de peso que detonó esas condiciones. “El índice de masa corporal promedio en donde los médicos empiezan tratamiento es 37”, dijo. “Nosotros estamos hablando de 27 con una complicación, o 30”.
Esperar cinco o siete años para intervenir, agregó, permite que aparezcan complicaciones cardiovasculares, metabólicas y renales que pudieron prevenirse.
La importancia de validar a los pacientes
Solis-Herrera también habló sobre la dificultad que enfrentan muchos pacientes para pedir ayuda. “A veces a los pacientes les da pena porque sienten que es culpa de ellos”, dijo.
Para Solis-Herrera, reconocer que la obesidad es una enfermedad crónica y no una falla personal es fundamental para que más pacientes busquen tratamiento oportunamente y puedan prevenir complicaciones cardiovasculares, metabólicas y renales.
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