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El clítoris: un reino (poco explorado) oculto bajo la piel

Helen O’Connell, pionera en los estudios enfocados en definir la anatomía completa de este órgano, cuenta los desafíos que aún enfrenta la investigación.
Ilustración en 3D del clítoris
"Durante demasiado tiempo, ha sido muy difícil para las mujeres disfrutar de su sexualidad", dice Helen O'Connell, investigadora del Departamento de Cirugía de la Universidad de Melbourne. (Ilustración: Sofía Weidner / TecScience)

Cuando escuchamos la palabra clítoris, muchas pensamos en un órgano pequeño que forma parte de nuestro sistema reproductivo, pero lo que podemos ver es solo la parte visible de un reino oculto debajo de nuestra piel.

Aunque es parte del cuerpo del 49.5% de la población humana, la información que tenemos sobre él era escasa hasta hace poco más de 30 años y hoy −todavía− no le llega a gran parte de la sociedad.

Clítoris características y función

Por razones que aún no son completamente claras, durante muchos años, este órgano fue ignorado en textos de anatomía del cuerpo humano y las investigaciones científicas para conocerlo eran mínimas.

“Cuando estaba estudiando para convertirme en cirujana, teníamos que usar un libro de texto en particular, y el hecho de que el clítoris estuviera ausente por completo, fue una señal de que algo estaba muy, muy mal”, dice Helen O’Connell, uróloga cirujana e investigadora del Departamento de Cirugía de la Universidad de Melbourne, Australia, en entrevista con TecScience.

En 1993, decepcionada por el vacío de información, O’Connell se preparaba para presentar sus exámenes finales para especializarse en urología y tuvo un curso del cirujano pediatra John Hudson, quien habló de la importancia de preservar los nervios asociados al clítoris en cirugías intersexuales. El hecho de que le diera tanta importancia le dio esperanza a la joven cirujana.

En Hudson, O’Connell encontró un aliado que, como su asesor de doctorado, la apoyó para hacer los primeros estudios enfocados en definir la anatomía completa del clítoris, haciendo disecciones y observaciones de tejidos extraídos de cadáveres de donadoras de órganos.

“Lo que más me llamó la atención fue lo protegido que está este órgano por el hueso púbico y los músculos del muslo”, dice O’Connell. 

Haciendo uso de imágenes de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés), también examinó, junto a John DeLancey, el clítoris de un grupo de mujeres. Poco a poco, sus estudios revelaron un universo sensorial con una forma que, vista desde cierto ángulo, es increíblemente parecida a la de una orquídea.

O’Connell fue pionera en el estudio integral del clítoris y descubrió que es un órgano complejo, mucho más grande que el tejido que podemos ver a simple vista. Casi el 90% de su volumen total está debajo de la piel.

La parte visible se llama glande y mide de 4 a 5 milímetros de largo. De él, hacia adentro se extiende el cuerpo cavernoso, que deriva en dos estructuras largas, llamadas crus o raíces, compuestas de tejido eréctil −conocido en el mundo de la medicina como tejido esponjoso− que envuelve a la uretra y a la vagina.

A un lado están los bulbos, también formados de tejido eréctil, que se extienden hacia los lados por detrás de las paredes vaginales.

“En total, si lo medimos de la punta del glande al final de cada raíz, el clítoris mide entre 10 y 15 centímetros de largo”, dice Alejandra Salcedo, ginecóloga obstetra especializada en urología ginecológica de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tec de Monterrey. 

Al igual que el pene, su homólogo en el sexo masculino, el clítoris está lleno de terminaciones nerviosas, así como receptores al tacto y la vibración. El órgano femenino tiene alrededor de 8,000 terminaciones nerviosas, mientras que el masculino tiene entre 4,000 y 6,000.

Esto hace del clítoris una zona altamente sensible que, como un botón, al ser estimulado enciende la dilatación de los vasos sanguíneos y la acción de los músculos bulbocavernosos, que aumentan el flujo de sangre que llega a él y ocasionan que el órgano completo se ensanche.

“Durante la excitación, puede expandirse hasta tres centímetros más de su tamaño normal”, explica Salcedo.

A lo largo de nuestra vida, el clítoris permanece relativamente del mismo tamaño, exceptuando a los bulbos. En armonía con nuestra biología, estos crecen durante los años reproductivos, pero antes y después son relativamente pequeños. 

“Estas partes [sexuales] de nuestro cuerpo son muy sensibles a los cambios hormonales”, explica O’Connell.

Una sola función

Su estructura y todas sus conexiones hacen del clítoris un órgano especializado en su única función: generar placer sexual. “A diferencia del pene, no está involucrado en transmitir orina o en la reproducción”, dice Caroline de Costa, ginecóloga obstetra e investigadora de la Universidad de James Cook, Australia. 

Al ser estimulado el clítoris envía –a través del nervio pudendo– señales de placer al cerebro. Estas, en combinación con factores psicológicos, como la conexión con nuestra pareja sexual o recuerdos de experiencias previas, pueden desembocar en el orgasmo. “Este clímax en realidad tiene lugar en el cerebro”, explica De Costa.

Al liberar distintos neurotransmisores y hormonas, como la dopamina, oxitocina y vasopresina, el placer sexual tiene muchos beneficios para la salud, desde psicológicos –como reducir la ansiedad– hasta físicos –como mejorar la calidad del sueño–.

El orgasmo es un sistema de recompensa natural presente en todos los seres humanos. “Este clímax es como una droga biológica, sin efectos secundarios”, expresa O’Connell. 

Sin embargo, las expertas advierten que este no es la única manera en que las mujeres experimentan placer sexual. “Muchas veces vemos al orgasmo desde la visión masculina, como una meta final, pero en la mujer realmente es muy dinámico”, dice Salcedo.

Un órgano olvidado

A pesar de que el clítoris es una parte natural del cuerpo femenino destinada a hacernos disfrutar de nuestra sexualidad, un alto número de expertos de la salud e investigadores científicos se sienten incómodos de discutirlo o estudiarlo.

De Costa se percató de esto cuando, en 2020, consiguió que O’Connell escribiera un editorial sobre el clítoris en la revista que edita, el Australian and New Zealand Journal of Obstetrics and Gynecology.

Para su sorpresa, cuando la editorial fue publicada, esta no fue incluída en el blog que normalmente envía la revista a otros colegas para compartir sus publicaciones más recientes.

“Era demasiado vergonzoso para el presidente [de la revista] enviarle a sus colegas cualquier cosa relacionada con el clítoris”, dice De Costa.

Tanto O’Connel, como De Costa y Salcedo consideran que esto responde a la visión androcéntrica –centrada en el hombre– que ha reinado en el mundo. Además, existe un gran tabú y vergüenza alrededor de la sexualidad de las mujeres.

“La idea de que las mujeres tienen sexo simplemente por placer ha sido combatida por muchas religiones y sociedades alrededor del mundo”, expresa De Costa.

Pero si esto no lo explica, una podría pensar que el hecho de que gran parte de este órgano esté oculto de la vista podría ser una razón. “Pero sabemos que tenemos riñones, estómago e intestinos y les damos importancia aunque no los podemos ver”, continúa De Costa

El hecho de que solo tenga esa función podría estar detrás de su rechazo. “Por alguna extraña razón, cuando se trata de la sexualidad femenina, parece que tenemos que justificar el placer y ligarlo a una función reproductiva”, explica O’Connell. Este disfrute, rara vez es cuestionado cuando se trata del sexo masculino.

De acuerdo con las investigadoras, estas ideas han permeado tanto en la sociedad, que hoy todavía existe la mutilación sexual en mujeres, una cirugía que casi siempre incluye que el clítoris sea extirpado, borrado, olvidado.

Placer sexual para todas 

Pero no todo es tan malo como suena. Con el paso de los años, O’Connell y De Costa han observado que cada vez existen más personas interesadas en esparcir la voz sobre este órgano, tan especial como es controversial.

Ahora, existen artículos, libros, materiales didácticos y modelos 3D que comunican de forma correcta la anatomía del clítoris y que están al acceso de todas y todos.

“Para mí, hablar del clítoris y el placer sexual se trata no solo de un derecho, si no del bienestar y la calidad de vida de las mujeres”, dice Salcedo. En su consultorio, ha tratado pacientes con distintas disfunciones sexuales o urinarias, pero aún queda un largo camino por recorrer para poder darles la atención y tratamiento que merecen.

En pacientes con cáncer, por ejemplo, podríamos encontrar la manera de regresar las sensaciones a ese órgano después de su tratamiento, pero todavía no sabemos del todo cómo hacerlo”, dice Salcedo

Aunque no se trate de algo de vida o muerte, el disfrutar de nuestra sexualidad tiene el potencial de mejorar nuestras sociedades y la forma en que nos relacionamos.

“Las invito a explorarse y sentirse cada vez más cómodas con el lado positivo de esta parte de nuestro cuerpo, porque está ahí para expandir nuestra salud, no al revés”, dice O’Connell.

Para ella, de Costa y Salcedo, es crucial comunicar lo que sabemos sobre el clítoris a toda la sociedad. “Necesitamos que mujeres, hombres, educadores, científicos, médicos y divulgadores podamos hablar de este órgano sin tabúes ni prejuicios”, expresa Salcedo.

Cuando las personas disfrutan de su sexualidad, es más probable que tengan relaciones sanas y que funcionen mejor como miembros de la sociedad, de acuerdo con las expertas. Que todas y todos vivamos una sexualidad libre, informada, segura y consensuada nos puede llevar a ser una humanidad más plena.

“Durante demasiado tiempo, ha sido muy difícil para las mujeres disfrutar de su sexualidad”, dice O’Connell. Esperemos que, con ellas como nuestras guías y un profundo entendimiento de nuestros cuerpos, la era de la vergüenza llegue a su fin.

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Autor

Inés Gutiérrez Jaber