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Narrateca: un espacio digital para las historias de comunidades invisibilizadas

El proyecto contempla el desarrollo de una plataforma digital donde comunidades con poca visibilidad puedan crear, publicar y compartir sus propios testimonios.
Las historias sobre estas comunidades suelen hacerse públicas a través de medios de comunicación y otros intermediarios. Este proyecto busca que ellas mismas puedan crear sus propias narrativas digitales. (Ilustración: Blair Frame)

En un cuadro de tela rosa, una mujer traza la figura de una niña que levanta el brazo izquierdo —como quien intenta ser encontrada entre una multitud—. Sobre esa silueta escribe, en mayúsculas y con letras negras, un mensaje contundente: # NI UNA MENOS. Con aguja e hilo, une esta pieza a las de otras mujeres que forman parte de la comunidad conocida como La Manta de Curación, en la que el bordado se ha convertido en una forma de sanación y de denuncia de la violencia de género.

Investigadores del Tecnológico de Monterrey buscan que mujeres de esa comunidad también cuenten sus historias a través de videos, audios, textos, imágenes y otras narrativas digitales, sin que nadie las interprete por ellas y con la posibilidad de llevar su mensaje a más personas.

Ese es el objetivo de la Narrateca para la justicia social, un proyecto de investigación para crear una plataforma digital en la que personas que pertenecen a comunidades históricamente invisibilizadas puedan compartir sus testimonios, señala Jacob Bañuelos, profesor investigador de la Escuela de Humanidades y Educación (EHE) en el Campus Ciudad de México.

“La intención es que las narrativas partan desde sus propias experiencias e ir un poquito más allá de los medios de comunicación o de otros mediadores”, explica Bañuelos. “La idea es acercarnos desde adentro para recuperar esas experiencias”.  

La interseccionalidad contada a primera voz

Jacob Bañuelos es profesor de la EHE e integrante del grupo de investigación en Humanidades Digitales del Tec. (Foto: Cortesía Jacob Bañuelos)

La iniciativa trabaja con cuatro grupos: personas migrantes, mujeres sobrevivientes de violencia de género, mujeres con discapacidad e integrantes de la comunidad LGBTQ+. El proyecto también tiene una perspectiva de interseccionalidad, es decir cuando una persona, por ejemplo, pertenece a la diversidad sexual, pero también ha vivido violencia de género o tiene alguna discapacidad.

La narrateca les enseñará a producir narrativas digitales en distintos formatos, como animaciones e ilustraciones generadas con inteligencia artificial (IA), textos y literatura digital. El objetivo también es tener un repositorio digital con testimonios.

Como parte de esa labor, el equipo desarrolla varios talleres en los que los participantes aprenden a usar herramientas digitales.

Bañuelos destaca que esta iniciativa se distingue porque las historias no se definen desde la academia, sino que las comunidades elegirán qué experiencias desean compartir y qué medios quieren utilizar.

No queremos llegar nosotros a imponer un tipo de narrativa; queremos explorar qué es lo que las comunidades quieren expresar y cómo lo quieren expresar”, explica. “La plataforma tiene que tener la función de facilitar nuevas formas de expresión. Una narrativa puede construirse con un solo recurso, pero también combinar varios formatos, como sonido, texto, una imagen fija y después un video”.

IA: no va a sustituir, va a asistir

Aunque la IA es una de las herramientas que impulsan la Narrateca para la justicia social, con esta tecnología no se busca sustituir las voces de las comunidades ni generar sus testimonios de manera automatizada.

Su función es ampliar las posibilidades de expresión a través de herramientas creativas para desarrollar imágenes, pero también facilitará el acceso a información útil, respetando criterios éticos y siempre con supervisión humana.

Un ejemplo es el desarrollo de un chatbot inicialmente dirigido a personas migrantes como un asistente virtual que se alimenta de datos con información obtenida de fuentes oficiales y de las experiencias que comparte la misma comunidad. La intención es ofrecer información confiable sobre derechos, trámites y otros temas relevantes para esta comunidad.

Acompañamiento y curaduría de testimonios para no revictimizar

Bañuelos explica que antes de que las historias sean publicadas en la plataforma o integradas en la base de datos del chatbot, tendrán que pasar por un proceso de acompañamiento y curaduría para proteger la identidad y la seguridad de las personas que participen. En ese sentido, el proyecto busca evitar que los contenidos puedan revictimizar o exponer a quienes comparten sus experiencias.

En algunos casos, como las narrativas de integrantes de la comunidad LGBTQ+, los testimonios serán anónimos y las personas podrán decidir en cualquier momento si desean mantener o retirar sus historias de la plataforma.  

“Tenemos un protocolo ético muy riguroso para proteger la identidad de las personas y justamente evitar esta revictimización”, dice el investigador.

Actualmente, los investigadores colaboran con alrededor de 10 organizaciones y colectivos que ya trabajan con estas comunidades, como El Buen Samaritano, en Nuevo León, y Border Line Crisis Center, en Baja California; Caminantas, en Jalisco, Red Arcoíris de Resistencia, en Coahuila, y Las Vanders, en Ciudad de México; así como La Manta de Curación (Patchwork: Healing Blanket) en varias partes del país.

“Hemos aprendido en estos primeros meses que no podemos trabajar solos, sino que hay que ir estableciendo alianzas con organizaciones y proyectos que ya han hecho algo en este campo”, afirma. “Pero si uno llega de fuera sin saber nada, sin conocer a nadie, es más difícil entrar a las comunidades”. 

Junto a Bañuelos, colaboran Mariángela Abbruzzese, investigadora del Tec de Monterrey; Gabriel Pérez, de la Universidad Autónoma de Coahuila; y Rubria Rocha, de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Además, el proyecto es financiado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) y tendrá una duración de dos años y medio. 

200 historias que importan

Durante ese periodo, el proyecto contempla capacitar a alrededor de 150 personas en la creación de narrativas digitales, formar una red de 20 mediadores comunitarios y recopilar al menos 200 historias que serán publicadas en la plataforma. Además, se espera que unas 10,000 personas visiten el sitio durante su primer año de operación.

En su primer semestre de trabajo, el equipo ha logrado recopilar alrededor de 50 historias. Se espera que una primera versión de la plataforma esté disponible públicamente durante el segundo semestre del año. Posteriormente, el sitio irá evolucionando con la integración de herramientas y funciones.

Aunque la plataforma está pensada principalmente para las personas que participan en el proyecto, Bañuelos considera que también podría contribuir a cambiar la manera en que el resto de la sociedad se acerca a estos grupos. A futuro, también trabajarían con jóvenes en situación de violencia y vulnerabilidad.

“A mí me gustaría que la herramienta sirviera como una referencia de historias propias de estas comunidades y que hiciera posible su expresión libre, en un sentido reivindicativo y crítico, pero muy asociada también a las expresiones estéticas y artísticas”, señala Bañuelos. “Queremos construir contranarrativas frente a las narrativas hegemónicas para promover una cultura de respeto, igualdad y paz”. 

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Autor

Picture of Ricardo Treviño