Entre los siglos XVI y XVIII, las flotas de la Nueva España fueron los medios para transportar todo lo que cruzaba entre América y Europa. En esas embarcaciones viajaron miles de personas, así como animales, plantas, alimentos y todo tipo de conocimientos científicos y médicos.
Los viajes de estas naves quedaron registrados en miles de documentos dispersos en los archivos históricos de México, España y otros países.
Sin embargo, gran parte de esos manuscritos no se han podido estudiar pese a que muchos han sido digitalizados. La mayoría son solo imágenes de los textos escritos a mano y leerlos implica que especialistas en paleografía transcriban página por página un español muy distinto al actual, en un proceso que puede tomar años hasta completar un solo conjunto de documentos.
Un equipo de investigadores liderado por Patricia Murrieta, profesora distinguida de la Escuela de Humanidades y Educación (EHE) del Tecnológico de Monterrey, desarrolla herramientas basadas en inteligencia artificial (IA) para lograr descifrar los documentos. El proyecto Las Flotas de la Nueva España buscan transcribir, modernizar y analizar alrededor de 320,000 documentos relacionados con estas embarcaciones y así estudiar procesos históricos difíciles de analizar a gran escala.
“Tenemos una riqueza enorme en documentación porque el Imperio español registraba todo lo que sucedía con estas flotas: quién viajaba, cómo viajaba y qué era lo que se transportaba”, explica la profesora en Humanidades Digitales e Inteligencia Artificial.
“Estas herramientas nos abren la posibilidad de acercarnos a documentos a los que nunca habíamos tenido acceso. Esto va a cambiar de muchas maneras las historias que contamos y, por lo tanto, también nuestro lugar en el mundo”.

Documentos con la vida de más de dos siglos
La mayor parte de estos documentos se conserva en el Archivo General de Indias, en Sevilla, España, y en el Archivo General de la Nación, en México. Se tratan de registros de rutas comerciales, pasajeros, mercancías, plantas, animales, pero en ellos también se incluyen conflictos legales y otros aspectos de la vida cotidiana.
Acceder a esa información no es sencillo, señala Murrieta. Los documentos fueron escritos por distintas personas a lo largo de más de dos siglos, con diversos tipos de caligrafía y en un español que ha ido cambiando con el paso del tiempo.
Además, los textos contienen nombres indígenas, abreviaturas y expresiones que requieren de conocimientos especializados para ser interpretados.
“Yo tengo profesores que han pasado su vida entera analizando un corpus de documentos”, comenta la investigadora. “Primero hay que sentarnos a transcribir los manuscritos, luego publicarlos y después analizarlos. Todo ese proceso puede llevar toda una vida”.
Con el proyecto «Las flotas de la Nueva España», el equipo desea acelerar el proceso de análisis mediante el desarrollo de un corpus con miles de documentos digitalizados y de herramientas que permitan a otros investigadores, paleógrafos, historiadores y arqueólogos formular nuevas preguntas a partir de la información contenida en ellos. Además será posible identificar patrones que pudieran estar ocultos cuando al solo poder revisar unos cuantos documentos a la vez.

Una cadena de trabajo para formular preguntas
Además, el equipo diseñó las herramientas para que funcionaran como una cadena de trabajo:
- Primero, un modelo identifica el tipo de caligrafía que aparece en cada manuscrito.
- Después, otro modelo realiza la transcripción automática del texto.
- Cuando se obtiene ese contenido, una tercera herramienta moderniza el español antiguo para convertirlo en una versión más comprensible para los lectores.
Finalmente, un software identifica nombres de personas, lugares, fechas, instituciones, plantas, animales y otros elementos de esa época para integrar una base de datos que funciona como un buscador o repositorio digital, donde se puede organizar y consultar la información contenida en manuscritos de hace más de 400 años.
A través del corpus digital, los investigadores pueden formular preguntas que hasta hoy parecían difíciles de responder, destaca la investigadora. “Podemos buscar y analizar la información que existe dentro de miles de páginas, algo que de la manera tradicional nos tomaría muchísimo tiempo”.
Conectando historias de comerciantes, nobleza, funcionarios y relaciones sociales
Para explorar el potencial de estas herramientas, el equipo también trabaja en cinco casos de estudio con base en los documentos sobre las Flotas de la Nueva España.
El primero busca reconstruir las redes de personas que viajaron o participaron en las flotas, es decir, identificar las relaciones que había entre comerciantes, funcionarios, religiosos, miembros de la nobleza indígena y otros viajeros para entender las conexiones políticas, sociales y económicas entre ambos continentes.
Otro caso se centra en la circulación del conocimiento científico y médico. Por ejemplo, rastrear cómo las plantas americanas y el conocimiento de los pueblos indígenas al cruzar el océano, influyeron en la ciencia europea.
“Hay un conocimiento indígena enorme acerca de las plantas y de sus aplicaciones medicinales”, dice la investigadora. “A través de la documentación podemos analizar cómo se estaban llevando este conocimiento”.
Un tercer caso estudia las ‘marcas de mercancías’, que eran símbolos que se plasmaban en cajas, costales y otros cargamentos para identificar a sus propietarios o destinatarios. Para Murrieta, estas marcas funcionaban como los códigos de barras que son usados en la actualidad para rastrear el movimiento de los productos en las rutas comerciales del siglo XVI.
Los últimos dos casos de estudio se enfocan en comprender mejor la esclavitud indígena durante el periodo colonial y las rutas comerciales que seguían las mercancías cuando llegaban a la Nueva España.
Desarrollar modelos de IA con representatividad fuera del Norte Global
Además de reconstruir procesos históricos, el proyecto tiene por objetivo contribuir al desarrollo de modelos de IA que integren una mayor diversidad de lenguas, documentos y perspectivas latinoamericanas.
En ese sentido, el equipo también ha desarrollado modelos para transcribir documentos escritos en náhuatl tradicional y ampliar el acceso a fuentes históricas poco exploradas y que servirán para crear nuevas herramientas de IA con mayor representatividad de las culturas en esta región.
“Cada modelo que tú entrenas depende de los datos con los que lo entrenas. Y esto quiere decir que va a tener los sesgos que ese modelo tenga. Si tú haces una pregunta acerca de Latinoamérica, lo más probable es que esa visión no sea la visión latinoamericana, sino la que tiene el Norte Global sobre Latinoamérica”, dice. “Entonces, nos va a permitir analizar la historia de muchas otras maneras y además nos ayuda a preparar modelos de lenguaje con una representación significativa del Sur Global”.
Al final, Murrieta destaca que este proyecto busca democratizar la información histórica que contienen los manuscritos y ponerla a disposición no solo de especialistas, sino de investigadores en otras disciplinas y de comunidades que la puedan utilizar, analizar y aprovechar en un español que puedan entender.
Si bien, gran parte del proceso está automatizado, los resultados son revisados y validados por especialistas antes de incorporarse al corpus. El equipo reúne a historiadores, arqueólogos, humanistas digitales, paleógrafos, especialistas en lenguas indígenas y expertos en el desarrollo de herramientas de IA del Tec y de instituciones como la Universidad de Lancaster, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y la Universidad de Alicante, entre otras.
Además, el proyecto cuenta con financiamiento del UK Research and Innovation (UKRI) a través del Economic and Social Research Council (ESRC) en el Reino Unido, para el desarrollo de herramientas de IA enfocadas en el estudio de tres siglos de historia socioeconómica.
Para Murrieta, conocer la historia que contienen los manuscritos también ayuda a comprender nuestro presente como sociedad y a tomar mejores decisiones hacia el futuro. “Es muy importante que la historia se conozca. Si nosotros como sociedad no sabemos de dónde venimos, es muy fácil que se nos imponga una identidad que no tenemos”.
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