La salud global atraviesa una crisis. Los recortes en el financiamiento, los cambios en las políticas públicas y la débil cooperación internacional lo confirman. El reto es enorme, pero también abre una oportunidad para replantear cómo están diseñados nuestros sistemas de salud.
Algunos sucesos que evidencian esta crisis son la salida de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el fin de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y el anuncio de menos fondos para la colaboración entre países.

Con esto en mente, el Wellcome Trust ─organización filantrópica para la investigación científica enfocada en la salud─ lanzó en 2025 la iniciativa Repensando el Futuro de la Salud Global.
Esta consistió en la selección de cinco líderes internacionales, uno por región, para repensar la organización de la salud global y orientarla para que sea más equitativa, sostenible y adaptada al mundo actual.
Paola Abril Campos, profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública (EGobiernoyTP) del Tec de Monterrey, fue seleccionada para la región de América Latina y el Caribe.
“Nos pidieron hacer una propuesta provocadora e innovadora para mejorarlo”, cuenta Campos. “Yo hablo de que hay una crisis política, operativa y técnica, además de una de financiamiento”.
La equidad y la justicia como ejes principales de la salud global
La primera parte del trabajo de Campos consistió en el documento Volver a equilibrar la balanza: una nueva arquitectura para la justicia sanitaria global en el cual se describe la necesidad de una transformación profunda del sistema de salud.
De acuerdo con ella, el sistema tiene cuatro fallas principales:
- Ética: No se abordan adecuadamente los determinantes sociales, comerciales y climáticos de la salud.
- Política: Cuando muy pocos tienen el poder en el sistema de salud global.
- Técnica: Ocasiona que en la financiación existan ineficiencias y fragmentaciones.
- Operativa: Se observa la falta de métricas comunes, de coordinación y de responsabilidad entre las distintas instituciones.
Estos problemas muestran que no es suficiente ajustar el sistema existente, sino que es necesario redefinir su propósito y construir un modelo basado en la justicia sanitaria.
Para América Latina y el Caribe, Campos propone cuatro iniciativas:
- Rediseñar la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para volverla más estratégica.
- Crear un Centro Regional de Salud Pública (CRESALC) para vigilancia, formación y respuesta coordinada.
- Desarrollar un Atlas de Conocimiento de Justicia Sanitaria basado en datos e IA.
- Establecer un Fondo Regional de Justicia Sanitaria con financiamiento equitativo y gobernanza participativa.
“Tenemos que cambiar este paradigma de gastar a invertir en salud”, expresa Campos.
Una región unida y horizontal
La segunda parte de la iniciativa de Welcome Trust, para la cual Campos concursó junto a un nuevo consorcio de instituciones de la región, consistió en realizar entrevistas con más de 75 actores clave de la región.
“Primero para entender su diagnóstico, qué funciona y qué no, y segundo para ver qué propuestas tenían para mejorarlo”, cuenta.
El consorcio logró hablar con al menos un actor clave de los 33 países de la región y uno de sus mayores hallazgos fue que existe la sensación de que hay que darle mayor prominencia a la región de América Latina y el Caribe en las decisiones de salud.
De acuerdo con la experta, en la región ya existen el conocimiento y las capacidades para que la región se vuelva líder en salud.
Esto puede lograrse mediante espacios de convergencia a nivel regional para discutir temas de interés común y compartir estrategias. “Una idea muy concreta es una plataforma de intercambio de experiencias”, dice Campos.
Además, la experta se plantea que la salud global debe adquirir una función de regular las industrias. “Por ejemplo, la alimentaria, para que genere salud y no enfermedad”.
También abordaron temas como la equidad y el hecho de que la crisis de salud no está aislada, sino que forma parte de una crisis de relaciones internacionales y de geopolítica más amplia.
“Necesitamos vincular la agenda de salud con otras, como la de la crisis climática, los determinantes comerciales y económicos, la alimentación, la salud mental y las tecnologías”, apunta la investigadora.
Los resultados de las entrevistas y diálogos que se dieron entre los distintos actores en salud de la región serán presentados en un foro global que se llevará a cabo en 2026.
“Después de este encuentro quedó un sentimiento de que sí queremos tratar de unirnos más como región, aunque sean idiomas y culturas distintas”, concluye Campos.
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