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Poner rostro a la biotecnología: acercar la investigación a las personas

Estudiantes de Biotecnología evalúan en el laboratorio un suplemento y, fuera de él, conocen las experiencias de personas con Alzheimer y autismo, así como las de sus familias y cuidadores.
Estudiantes de biotecnología combinan el trabajo científico con experiencias que los acercan a las necesidades de las personas. (Foto: Getty Images)

Durante 10 años, Alejandra Ayala fue la cuidadora principal de su madre, quien padecía demencia frontotemporal, una condición que puede provocar cambios en la conducta y la personalidad. El cuidado llegó a ser tan demandante física, mental y emocionalmente que, al despertar, lo primero que hacía era observar si su mamá seguía respirando: vivía con la angustia y el miedo de que muriera mientras estaba bajo su cuidado.

Ahora, Alejandra comparte su historia en un espacio de diálogo y aprendizaje que busca concientizar a estudiantes de Ingeniería en Biotecnología de la Escuela de Ingeniería y Ciencias (EIC) del Tecnológico de Monterrey sobre las necesidades de las personas con demencia, así como de sus familias y cuidadores.

Este encuentro forma parte del bloque Experimentación in vitro, que combina el trabajo de laboratorio con actividades de sensibilización, con el objetivo de que los futuros biotecnólogos conozcan de manera directa a las comunidades que podrían beneficiarse de las soluciones que desarrollen.

La iniciativa es impulsada por Rocío Alejandra Chávez Santoscoy, profesora investigadora de la EIC, quien busca que los alumnos y alumnas no solo se concentren en que el experimento funcione, sino que también se pregunten para quién investigan y qué necesidades existen fuera del laboratorio.

Necesitamos tener más contacto con las personas a las que estamos sirviendo a través de nuestra investigación. Este tipo de contacto nos sensibiliza sobre para qué estamos haciendo las cosas, sobre el propósito al final del día”, explica Chávez Santoscoy. 

Entre las actividades del bloque, los estudiantes evalúan la seguridad de un suplemento desarrollado por una startup que busca favorecer la claridad mental. A la par de los experimentos de laboratorio, participan en jornadas de sensibilización sobre el Alzheimer y el autismo. 

Rocío Alejandra Chávez Santoscoy, profesora de la Escuela de Ingeniería y Ciencias, impulsa la iniciativa. (Foto: Ricardo Treviño / TecScience)

Alzheimer: entender a quienes viven con la enfermedad

Una de estas jornadas, llamada “Una historia sobre memoria”, en colaboración con la Asociación Alzheimer Monterrey, busca acercar a los jóvenes a las experiencias de las personas con demencia y de quienes se dedican a su cuidado. 

Además de la conversación con cuidadores, hay una dramatización de FOCO Teatro Monterrey que recrea situaciones que viven las familias con integrantes con esta condición; también se comparte información y datos para que los estudiantes puedan dimensionar el panorama del Alzheimer.

Para Chávez Santoscoy, este acercamiento permite conocer aspectos de la demencia y del cuidado que difícilmente pueden comprenderse únicamente a partir de la evidencia científica.

“Nosotros nos imaginamos lo que está reportado en la literatura, pero no hay cómo vivirlo”, señala la investigadora. “Por ejemplo, nos comentan algo que no había tenido en cuenta en mis 14 años de investigadora: la parte del cansancio del cuidador. Siempre hablamos del Alzheimer, pero poco hemos visto qué cosas podríamos hacer para ayudar a quienes cuidan a estas personas”.

Para María Daniela Félix, estudiante de quinto semestre de Ingeniería en Biotecnología, la jornada representa su primer acercamiento directo al tema del Alzheimer. Esta experiencia también le permite cuestionar si el trabajo que realiza en el laboratorio realmente responde a las necesidades de las personas.

“Puedes crear lo que tú piensas que es bueno, pero si no te acercas a la población a la que estás buscando ayudar, si no aprendes de ella y conoces sus necesidades, no vas a saber lo que en realidad necesita”, señala. “Este tipo de eventos te permite tener ese contacto directo, conocer historias y pensar: ¿qué puedo hacer yo por mi parte para ayudar?

Los estudiantes participaron en espacios de diálogo con cuidadores de personas con demencia. (Foto: Ricardo Treviño / TecScience)

Conectar la ciencia y el sentido humano

La experiencia forma parte de las unidades de Formación con Sentido Humano, una de las modalidades del programa de Servicio Social del Tec que busca acercar la formación académica de los estudiantes a las necesidades de la comunidad. En estos bloques, los profesores trabajan junto a socios formadores, que son organizaciones, empresas o grupos de la sociedad civil, para que los alumnos desarrollen conocimientos y competencias mientras buscan soluciones a retos del mundo real.

Kenia Ruiz, coordinadora de Vinculación y Relaciones Institucionales del Tec, destaca que el trabajo directo con estos actores permite que los estudiantes desarrollen empatía y conozcan mejor a quienes podrían beneficiarse de su investigación. “No solo se trata de que el producto tenga todas las pruebas de calidad en el laboratorio, sino que también sea de beneficio para el usuario final”. 

A lo largo de las 10 semanas del bloque, los estudiantes trabajan con la Asociación Alzheimer Monterrey y ARENA Autismo, además de la startup THE CORE – Business Transformation, que desarrolla el suplemento que analizan en el laboratorio.

Yolanda Carrillo, coordinadora de sensibilización de la Asociación Alzheimer Monterrey, señala que este tipo de acercamientos también puede influir en la manera en que los estudiantes realicen su labor científica en el futuro. “Seguramente, cuando estén trabajando desde su trinchera de investigación, van a recordar en algún momento esto que vivieron con nosotros”. 

Durante la jornada se realizaron actividades de sensibilización sobre las experiencias de personas con Alzheimer, sus familias y sus cuidadores. (Foto: Ricardo Treviño / TecScience)

Del suplemento a las células intestinales

El suplemento que analizan los estudiantes es ClariSSimo, desarrollado por la startup THE CORE – Business Transformation a base de ingredientes naturales, como extractos de plantas y hongos. De acuerdo con Chávez Santoscoy, la empresa utiliza el concepto de “claridad mental” para referirse a aspectos como mantener la atención y el enfoque, así como disminuir problemas relacionados con el olvido y la desorientación.

El producto está dirigido tanto a personas con Alzheimer o autismo como a otras personas que presenten dificultades cognitivas relacionadas con la concentración y la memoria.

“Científicamente, lo que buscan es mejorar la actividad de los receptores de las neuronas para que haya una mayor comunicación entre ellas”, explica la investigadora.

En el laboratorio, los estudiantes evalúan si el suplemento puede tener efectos citotóxicos, es decir, si provoca daño o la muerte de las células. Lo someten a una digestión in vitro con la que simulan su paso por el sistema gastrointestinal, ya que está diseñado para consumirse por vía oral. Luego, el material resultante de ese proceso se prueba en células intestinales.

También realizan este procedimiento con mangiferina, un compuesto de origen vegetal derivado del mango que ha sido estudiado por sus efectos neuroprotectores, explica Chávez Santoscoy. El suplemento y la mangiferina se evalúan por separado para observar sus efectos.

La investigadora dice que trabajar con una empresa puede llevar a los investigadores a concentrarse en que un producto tenga éxito, pero también considera importante mantener una postura objetiva y responsable respecto de sus resultados y su seguridad. “Si funciona, qué bueno; y si no, decirlo también, porque al final del día lo que hagan en el laboratorio, a mediano o largo plazo, podría tener repercusiones en una persona”. 

Explorar una nueva forma de enseñar ciencia

Además del trabajo en el laboratorio y las actividades con las organizaciones, Chávez Santoscoy busca evaluar el impacto que esta experiencia tiene en la formación de los estudiantes como parte de un proyecto de innovación educativa.

La investigadora aplica encuestas validadas al inicio y al final del bloque para medir la motivación de los alumnos y observar si se producen cambios tras participar en las actividades. Además, analizará los resultados con el fin de elaborar una publicación científica sobre innovación educativa.

A futuro, también busca impulsar este tipo de experiencias entre otros profesores del bloque y abrir nuevas formas de vinculación con organizaciones y comunidades.

Aunque esta es la primera edición de la experiencia, en la que participaron 22 alumnos del campus Monterrey, la investigadora señala que ya observa un mayor compromiso de los estudiantes con el proyecto y que el contacto con las comunidades también puede detonar nuevas preguntas e ideas que se pueden materializar en el laboratorio.

“Conocer a quienes pueden beneficiarse de tu investigación, ver su realidad y poder vincularte con ellos te motiva a hacer las cosas bien, a hacerlas de manera objetiva, porque esto puede repercutir en la vida de una y de muchas personas”, destaca la investigadora.

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