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“Mientras te guste la ciencia, no hay quien te pare”: Rocío Díaz de la Garza 

La investigadora y profesora del Tecnológico de Monterrey dice que, para las mujeres, las condiciones en el campo STEM son mejores que antes. Aunque siempre se necesitan más apoyos y frases de “sí se puede”.
imagen de una científica con ropa casual
"Las condiciones para que las mujeres hagan ciencia, son mejores". (Foto: Alejandro Salazar / TecScience)

Rocío Isabel Díaz de la Garza, investigadora y profesora del Tecnológico de Monterrey y líder de la Unidad de Biología Integrativa del recién fundado Instituto de Obesidad, es un claro ejemplo de que las científicas llegaron para quedarse y romper estereotipos

Desde hace 15 años, ella se ha creado una exitosa carrera, cuyo foco es la producción de micronutrientes en distintos alimentos −como la papaya, el tomate, el aguacate y el frijol− y cómo mejoran el metabolismo en el cuerpo humano.  

Ahora, unirá el conocimiento adquirido sobre genes, proteínas y moléculas para liderar esta Unidad de Biología Integrativa y contribuir a mejorar la salud y bienestar de las personas

En entrevista con TecScience, Díaz de la Garza recuerda lo que la llevó a querer ser científica, reflexiona sobre la importancia de continuar cerrando la brecha de género en carreras STEM [de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas] y nos platica por qué hacer ciencia es, de hecho, divertido y por qué la idea de que los científicos son personas extrañas y aisladas es una perspectiva alejada de la realidad. “Los científicos vamos al súper y comemos Gansitos. Y también bailamos zumba”, cuenta. 

Díaz de la Garza trabajando en el laboratorio. (Foto: Cortesía)

Un conocimiento que solo tú tienes

¿Qué te llevó a interesarte en la ciencia? 

Yo creo que todo empezó en la primaria; porque una vez me pusieron a concursar y resultó que salí buena para matemáticas, español y eso. Era la que ganaba en el salón y me gustaba ser aplicada. Un buen día, mi papá me preguntó: “Oye, ¿no te gustaría ser investigadora?”. Se me quedó en la mente. También, me impactó mucho una tía mía, ella fue química y siempre hablaba de su trabajo en el laboratorio; me llamó mucho la atención ver cuánto le encantaba y siempre estaba hablando de sus experimentos. 

Además, tomé un verano científico −que fue lo que realmente marcó mi carrera−, que apoya la Academia Mexicana de Ciencias; fui a Chihuahua a trabajar con orégano y me enamoré de las plantas, de ver los compuestos y demás. Ahí dije: “Esto es lo que me gusta”

Al terminar la preparatoria, guiada por la influencia de su papá, mamá y tía, Díaz de la Garza decidió estudiar la carrera de Ingeniería Química, con especialidad en Alimentos, en el Instituto Tecnológico de Ciudad Madero, Tampico. Después, estudió la maestría en Biotecnología en la Universidad Autónoma de Chihuahua.  

Terminando, se dio cuenta de que, para ser investigadora, había que estudiar un doctorado también, así que se mudó a la ciudad de Gainesville, en Estados Unidos, para hacer un Ph.D en Biología Molecular y Celular Vegetal en la Universidad de Florida. 

¿Cuáles dirías que han sido de los momentos más gratificantes para ti o tus mayores logros como científica? 

Cuando hice mi disertación doctoral, logré aumentar la cantidad de ácido fólico en tomate. Estuve dos años haciendo trabajos en laboratorio, sin saber si funcionaría. Había un experimento donde tenía que salir una bandita. Si salía esa bandita, había funcionado. Era un western blot [técnica de laboratorio utilizada para identificar la cantidad de proteínas en una muestra] y significaba que mi proteína ahí estaba y, bueno, era una bandota. Ese era el resultado de dos años de trabajo. En ese momento, tú eres el único en el mundo que sabe eso. Por un rato, eres el único sobre la faz de la Tierra que tiene ese cachito de conocimiento y se siente padrísimo

Otro gran momento fue en equipo, cuando nos dieron el Premio Nacional de Tecnologías de Alimentos. Fue una tesis con la doctora Perla Ramos y la doctora Carmen Hernández. Generamos la evidencia, precisamente, de ese descubrimiento: los genes de la papaya se prenden si los estresas en altas presiones y esto hace que se produzcan más vitaminas

Más allá de los objetivos de tu investigación, como ser humano, ¿qué te hace sentir ser científica? 

Una vez dije que tengo el mejor trabajo del mundo; me considero muy afortunada de hacer lo que me gusta. Y lo sigo diciendo: tengo uno de los mejores trabajos, porque formo gente, es decir, es una responsabilidad, pero de lo mejor que le puede pasar a uno es ver cómo uno enseña e impacta a los demás.  

De los mejores sentimientos es cuando explicas algo muy difícil y a la tercera vez [que lo explicas], ves unos ojitos que dicen: “Ya le entendí”. Y ayudar también a que ellos descubran qué les apasiona, eso también es parte del trabajo. 

En años recientes, he estado muy involucrada con cuestiones de género en ciencia, porque las áreas STEM, las áreas de ingeniería, es donde −por lo general− hay pocas mujeres y eso también ha sido una experiencia de lo más enriquecedora.  

“Este trabajo, en la academia, también te da la oportunidad de viajar y tienes mucho contacto humano”. (Foto cortesía)

A pesar de que en el mundo se han hecho grandes avances por aumentar su participación en las carreras STEM y la investigación científica, en México, solo 28% de las mujeres estudia carreras de ingeniería y, de las 9 millones de mexicanas profesionistas egresadas en el 2021, solo 13.5% lo hicieron en estas áreas. 

Es por ello que Rocío Díaz, en conjunto con profesoras e investigadoras de la Escuela de Ingeniería y Ciencias (EIC) del Tecnológico de Monterrey, como Luz María Martínez Calderón, Ileana Ruiz Cantisani, Vianney Lara Prieto y Laura Romero Robles, lanzaron, en 2020, la iniciativa Mujeres en Ingeniería y Ciencias (MIC).  

Hoy, la iniciativa ha evolucionado a Ingenia: Mujeres en Ingeniería y Ciencias, cuyo objetivo es apoyar a las mujeres y niñas que deciden desarrollarse en una carrera STEM. 

¿Cómo ha sido tu experiencia como mujer científica? 

Pues mira, últimamente muy bien. Sí he llegado a observar algunas diferencias, son detalles, ya cuando una está más empapada del tema, son momentos y microagresiones. Yo sí veo una gran diferencia cultural de cuando yo llegué al Tec a como estamos ahorita.  

Un día, su padre le preguntó: “¿No te gustaría ser investigadora?”. Esa frase cambió su vida. (Foto: Alejandro Salazar / TecScience)

Romper la brecha de género

¿Por qué crees que tú tuviste la oportunidad de llegar a la ciencia y por qué crees que otras mujeres no la tienen? 

Muchos son apoyos familiares, pero también hay historias muy exitosas de científicas que, al contrario, el papá dijo: “No vas”. Son momentos y conversaciones. Por eso, creo que siempre es bien importante esa cercanía, platicar, dar ejemplos.  

Yo, por ejemplo, tengo esa frase de mi papá grabada en la mente, cuando me preguntó si quería ser científica. Recuerdo perfectamente que estábamos en un corredor de la casa y fue así y ya, cada uno siguió con lo suyo, pero se me quedó. 

Yo viví en mi niñez un ejemplo de equidad y, por eso, me pegó tanto cuando me di cuenta de que así no era todo el mundo.  

También [se necesitan] continuos apoyos y continuos “sí se puede”; no importa de quién vengan. 

¿Qué les dirías a niñas y jóvenes que quisieran ser científicas, pero no tienen ni idea si pueden serlo, o si es buena idea? 

Una: que sí es buena idea, que la ciencia es divertida; dos: siempre es importante encontrar qué te gusta. La ciencia te hace conocer mucha gente de muchos lados, te hace viajar. Trabajas un montón, pero tiene muchas cosas muy buenas, tanto profesionales como humanas. No es estar encerrado en un laboratorio o el científico loco como ponen en las caricaturas. Y mientras te guste, no hay quien te pare. Porque sí se puede, y las condiciones de hoy en día son mucho mejores. 

Para Rocío Díaz, hacer otra cosa es inconcebible, pero eso no significa que no vive una vida humana, con los pies en la tierra. En ocasiones, las personas que no hacen ciencia y que no se han acercado mucho a ella, creen que los científicos y las científicas no están interesados en el resto de la sociedad y viven vidas secretas, ajenas a las de la población general. 

¿Qué le dirías a las personas que creen que ser científico es estar arrinconado, rechazando al resto de la sociedad? 

Para nada. Vamos al súper y comemos Gansitos. Y también bailamos zumba. Este trabajo −en la academia− también te da la oportunidad de viajar y uno tiene mucho contacto humano; damos clases, vamos con los colegas; y pues sí, tenemos la casa con los perritos o también los niños. Como científico, sí hay una demanda intelectual alta, pero el estilo de vida que tenemos es muy enriquecedor. Hay que escribir artículos, hay que recolectar dinero para investigar, etcétera. Son muchas cosas y es mucho contacto con otros investigadores, con estudiantes y con la sociedad en general. Y vamos a fiestas y de viaje. 

“Siempre es importante encontrar lo que te gusta”. (Foto: Cortesía)

¿Cómo ves el panorama general del apoyo hacia la ciencia en México? 

En México, hay muchos científicos muy enamorados de la ciencia, trabajando muy fuerte. Que hacen falta recursos para la ciencia, por supuesto. Pero lo bueno de los mexicanos es que hallamos las maneras de cómo sí se puede. 

Yo creo que algo que tenemos los mexicanos es que nos vamos adaptando. Si de repente te cortan recursos de un lado, pues buscas por otro. Pero, definitivamente, con el potencial que tenemos y el compromiso de muchos científicos en México, si inyectarán más apoyos, estaríamos mucho, mucho mejor. 

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Autor

Inés Gutiérrez Jaber
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