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Dora Elvira García González: “La filosofía mueve conciencias”

La ganadora del premio Mujer Tec 2023, por su promoción de la igualdad de género y erradicación de la violencia, advierte que México resolvería muchos de sus grandes males si la filosofía atravesara la educación desde la infancia.
Mujer de mediana edad con saco naranja y lentes frente a un librero
Es una de las pensadoras más importantes de nuestro país, autora de numerosos libros sobre ética, política, equidad. Premio Insignia Rómulo Garza 2020. (Foto: Rodrigo Oropeza / TecScience)

Por Anibal Santiago

“Puntuales”, pidió Dora Elvira García González al equipo de TecScience que la visitaría en su casa para entrevistarla y fotografiarla. Llego a la hora exacta y, desde el sendero vegetal de lo que hace un siglo fuera el río San Ángel, diviso el número de su casa. Ella ya sonríe bajo la puerta, impecable con un saco naranja: “Hola”, me saluda. El tiempo no se negocia, en 20 segundos entramos a su estudio con vista a un jardín. Incontables cosas se enciman y apretujan en estantes repletos de libros que rodean su escritorio. Todo lo imaginable.

Ante mí, una de las pensadoras más importantes de este país, cuyas reflexiones escarban las peores heridas de México: género y violencia, abusos, injusticia, exclusión, desigualdad. Dora Elvira observa fijamente y con atención, como indagando el mundo interno de quien tiene enfrente.

Nota que husmeo un cuadro que cuelga sobre su cabeza detrás de su escritorio. “Es la Escuela de Atenas… Rafaello pintó a cada filósofo según su pensamiento”, me explica. Y es que explicar es su vocación, iniciada hace cuatro décadas cuando se convirtió en maestra. Aristóteles señala al espectador: “Pues hablaba de lo contextual” (las ideas se basan en el mundo físico). “Platón señala el cielo porque habla del Topus Uranus (el mundo “real” es el reino espiritual de las ideas abstractas)”. Yo mejor bajo la mirada al mundo físico, su escritorio repleto.

¿Cómo es tu proceso de investigación?

Leo. Un libro te lleva a otro y otro a otro. Los marco y subrayo. Mi escritorio está desordenado porque trabajo con muchos libros a la vez. Me levantó 6:30 AM y a esa hora soy feliz sentándome a mi escritorio para leer en el silencio absoluto, con café y agua. Leer roba mucho tiempo a la convivencia con mi esposo. Aquí leo los libros de investigación; los de literatura, en el sillón.

Nacida en 1957, Dora Elvira fue la tercera de cinco hijos de una familia de San Pedro de los Pinos: “Salíamos en bici con mis amigas; siempre me ha encantado la bici. Era un barrio tranquilo de familias que nos conocíamos. En el parque Pombo descansábamos”, recuerda.

¿Cómo era la vida intelectual en tu familia? 

Viví entre libros. Mi papá fue contador público pero impulsaba la lectura a sus hijos. Nos recomendaba libros de su inmensa biblioteca. En las noches leía en un sillón de su habitación y los fines de semana se metía en su estudio a leer historia y filosofía. La música clásica también fue importante: yo tomaba clases de flamenco y aprendí de pequeña a tocar piano y acordeón. 

Pero además de mi familia, a mí me influyó mi escuela: el Colegio Madrid. Profesores y profesoras exiliados de España, con ideas revolucionarias de izquierda, influyeron en mi anhelo de saber. El enojo y el deseo de construir un mundo mejor me marcaron desde la primaria. En la prepa, la profesora Laura Freijóo me llevó a la filosofía. Me sugería autores como Ortega y Gasset, para quien la filosofía era marcada por su tiempo.

Mujer de mediana edad sentada en un sillón de la sala mirando de soslayo
Comenzó a dar clases en el Tec hace 20 años “para que con la filosofía los alumnos pensaran con claridad y comprendieran el mundo”. (Foto: Rodrigo Oropeza / TecScience)

El estudio de Dora Elvira, quien en 2020 recibió el mayor reconocimiento a un investigador dentro del Tec, el Premio Insignia Rómulo Garza, es un universo de objetos, una suerte de museo que sirve al pensamiento: esculturas, plumas, fotos, hojas escritas a mano, focas de loza, un separador del Quijote, una impresora, un vaso de agua, carpetas, una taza de café y, claro, el reloj derretido de Dalí (acá la vida escurre a contrarreloj).

¿Qué libros te impactaron de pequeña?

Mujercitas y, de literatura mexicana, Los bandidos de Río Frío de Manuel Payno, y Clemencia de Manuel Altamirano.

¿Por qué estudiaste filosofía?

Para entender la desigualdad, la injusticia, las exclusiones, la pobreza. Quise estudiar en la UNAM pero mi papá se opuso por los largos paros: estaba efervescente el movimiento de 1968. Hice la licenciatura en la Universidad Iberoamericana, que cuestionaba menos. Aunque los jesuitas eran abiertos, aguerridos y socialmente comprometidos, su línea era religiosa. Marxismo apenas llevábamos. Fue en la UIA que mi interés ya se dirigió hacia la ética política, teorías de la justicia, superación de violencias y filosofía de la paz. 

¿Cómo fue para ti estudiar filosofía en un país machista?

Me casé muy joven y me cuestionaban que quisiera ser docente. No era el camino marcado socialmente; en mi casa eso no se debatía pero yo lo ponía sobre la mesa: quería dar clases después de la carrera. Mi papá me preguntaba: “¿Por qué trabajas si ya lo hace tu esposo José Luis? Te toca la crianza, descuidarás a tus hijos”. Pero no iba a truncar mi pasión. Me eché 10 años de Maestría y Doctorado con la crianza de tres hijos y daba clases. Cumplí en todo aunque las mamás de los amigos de mis hijos me excluían porque no iba a los desayunos ni a las juntas sin importancia. Pensaban: “Pobre, esta tiene que dar clases”. No sabían que dar clases ha sido una fortuna.

Familia de 5 miembros
Dora Elvira con su esposo, José Luis, y sus tres hijos. (Foto: Cortesía)

La importancia de enseñar filosofía

La  Coordinadora de la Cátedra de Ética, cultura de paz y derechos humanos de la UNESCO, autora de libros como Del poder político al amor al mundo, Hermenéutica analógica, política y cultura y Ética, profesión y ciudadanía, sabe escuchar. Mira a los ojos, jamás interrumpe y, antes de contestar, guarda largos silencios. Antes de emitirlas, procesa las palabras que soltará pausada.

Descríbete como maestra.

Toda la vida he preparado mis clases, llevo un guion. Pero si hay preguntas o derivas a problemas actuales, me desvío. Y es tan relevante y valioso lo que dice un alumno, como lo que yo digo.

¿En qué sientes que aún puedes mejorar en esa labor?

Tengo un reto inmenso: traducir temáticas complicadas y profundas a alumnos con prejuicios sobre la filosofía. Piensan que uno echa grandes chorazos, tienen prejuicios sobre cualquier reflexión. La filosofía mueve conciencias: los chavos que van a dirigir empresas o instancias públicas pueden ayudar a un cambio.

¿Debería enseñarse filosofía a los niños?

Sería un hitazo, los niños son profundamente filosóficos: cuestionan todo. La escuela les impide preguntar, los preguntones son incómodos. Con niños críticos haríamos gente capaz en cualquier disciplina. Si nadie los acalla y mete al redil, ellos cuestionan, problematizan, son críticos (en las últimas frases golpea el escritorio tres veces con su mano llena de pulseras).

¿El actual gobierno es poco filosófico? El discurso oficial es: “No cuestionen, no pregunten, el mundo es de buenos y malos”.

Las polarizaciones son un error inmenso, no solucionan a una sociedad de por sí dividida, resentida e inequitativa. La riqueza de pensamiento no se da en blanco o negro, sino en los grises, ni en si estamos fuera o dentro del discurso oficial. Hay una fuerte regresión de las ideas.

Comenzó a dar clases en el Tec hace 20 años “para que con la filosofía los alumnos pensaran con claridad y comprendieran el mundo”. Su comunidad académica introdujo la “ética transversal”, de modo que las reflexiones de las disciplinas sobre el ser humano estuvieran cerca de la actividad de profesores, directivos y planta física.

Construir un mundo alternativo

A los lados, enfrente, atrás, libros por miles. A la maestra y doctora por la UNAM, premio Insignia del Tec, quien fuera directora de Investigación en la Escuela de Educación, Humanidades y Ciencias Sociales del Tec, además de directora de la revista En-claves del Pensamiento de la institución, la abraza un universo de libros. Miro y alcanzo a detectar, al azar, Utopía y desencanto, de Claudio Magris; Tiempos de magos, de Wolfram Eilenberger. Y uno suyo, Trascender la violencia.

¿Qué libro sugieres a quien quiera iniciarse en la filosofía?

¡Ufff! La condición humana de Hannah Arendt. Deslumbrante, ella abrió mi cabeza.

Mujer de mediana edad hablando ante un microfono
En marzo de 2023, Dora Elvira García recibió el Premio Mujer Tec 2023 en la categoría ‘Ciudadanía con perspectiva de género’ (Foto: Udell Jiménez)

Ahora que recibió el Premio Mujer Tec por su investigación sobre perspectiva de género, ¿cómo ve el feminismo en México?

Hemos avanzado, pero hay mucha reticencia por desconocimiento y prejuicio. El feminismo implica involucrar a las masculinidades: en este sistema, hombres y mujeres pierden. Hay que deconstruir el modelo para vivir ambos en plenitud. Necesitamos que nuestra educación superior indague y hable de esto. Si los muchachos no se detienen y piensan la relevancia de estos temas y no los trabajan teóricamente, difícilmente habrá cambios. Por ejemplo, tienen que saber que en todo el mundo las mujeres son las que han levantado la voz frente a los ecocidios. Ellas miran las milpas, las aguas contaminadas, la falta de agua porque la sacaron de los manantiales cercanos o porque ya no llueve por la tala de bosques.

¿Qué busca hoy la Escuela de Humanidades?

Dar instrumentos para ser críticos, valorar la dignidad de la persona y sus actos, desde las perspectivas humanas y no necesariamente desde numeralias, tecnologías y un economicismo que acosa el mundo. Busca construir un mundo alternativo.

La madre de tres hoy ejerce de abuela: “Disfrutamos y me dedico a mis nietos en cuerpo y alma. Les cuento cuentos, corremos en el jardín, jugamos a la pelota. Tengo muchas cosas qué hacer, pero les doy tiempo de calidad”.

El tiempo, siempre. Elvira mira el reloj y se levanta. La entrevista acaba: hay muchas cosas qué hacer.

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