Distintos estímulos auditivos pueden modular las respuestas emocionales y fisiológicas asociadas con algún trastorno de ansiedad, explicó Norberto Naal, profesor investigador de la Escuela de Humanidades y Educación (EHE) del Tecnológico de Monterrey.
Naal y un equipo multidisciplinario investigaron cómo los paisajes sonoros en 3D, es decir ambientes acústicos de un conjunto de sonidos que caracterizan a un entorno, podrían ser una herramienta de apoyo para la salud mental.
Al observar las distintas respuestas emocionales en sus estudios, los investigadores desarrollaron cuatro paisajes sonoros para ponerlos a prueba: un parque urbano, un mercado, un concierto de música electrónica y una zona de guerra.
“En los últimos años se han empezado a hacer muchos más esfuerzos para tratar de presentar estos paisajes sonoros en formatos más inmersivos, con el objetivo de ayudar a la salud de las personas, pero aún siguen de manera muy exploratoria”, dice Naal. “Es un tema nuevo, actual, que todavía tiene mucho por investigarse”.
Aproximadamente 359 millones de personas vivían con algún trastorno de ansiedad en 2021 según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en México, el 21.4% de la población adulta presentó indicios de ansiedad en 2025, pero solo una de cada cuatro personas recibe atención.
El también coordinador de proyectos de investigación del Laboratory for Advanced Analytics and Decision Sciences y del Behavioral Research and Public Opinion Lab en el Expedition FEMSA, señala que en el proyecto han participado especialistas en neuropsicología, otorrinolaringología, ingeniería biomédica, e ingeniería de audio y producción musical.
Sonidos y emociones: el estudio previo a los paisajes sonoros
Durante sus estudios de maestría y doctorado, Naal trabajó en una línea en acústica para la salud, asesorado por David Ibarra y Luz María Alonso, científicos de la Escuela de Ingeniería y Ciencias (EIC) del Tec.
Se enfocaron en conocer qué provocan los sonidos en las personas y caracterizar cómo respondía emocionalmente la población mexicana ante distintos estímulos auditivos.
Se evaluaron más de 150 sonidos con la participación de más de 300 personas en varias regiones del país, con al menos una de cada estado.
En este estudio, que se realizó de manera remota durante la pandemia, los participantes escuchaban los sonidos y evaluaban tres dimensiones: valencia, es decir, qué tan placentero o desagradable era el sonido; activación, qué tanto los estimulaba; y dominancia, cuánto control percibían sobre sus emociones.
Los resultados permitieron identificar qué sonidos generaban sensaciones agradables y calmantes, cuáles eran neutrales y cuáles producían una percepción de amenaza. A partir de esa caracterización los investigadores se enfocaron en el diseño de los paisajes sonoros.
Para diseñar los paisajes, el equipo combinó grabaciones reales y algunos audios provenientes de librerías. Luego, utilizó software especializado para colocar los sonidos virtualmente alrededor de la persona para generar una experiencia inmersiva en tres dimensiones, en la que podían percibirse desde distintos puntos e incluso desplazarse alrededor de ella.
“En cada comunidad, en cada lugar del mundo, esta serie de eventos sonoros puede moldear nuestras costumbres, la manera en la que nos sentimos emocionalmente e inclusive puede influir en causar una respuesta tanto positiva como negativa”, explica Naal.
Aunque se podría pensar que la mayoría de estos audios buscaban inducir a las personas hacia respuestas emocionales de relajación, Naal dice que en el caso de la zona de guerra hubo un propósito para saber qué pasaba con los sonidos estridentes o perturbadores y si también podrían contribuir a reducir la ansiedad.
“Suena contradictorio, ¿no? Pero si nos ponemos a pensar, hay personas que juegan videojuegos de guerra y lo hacen para desestresarse un momento o dejar de pensar en algo que los está preocupando”, señala.
Una experiencia inmersiva para medir el efecto del sonido
Para conocer cómo estos paisajes sonoros podían influir en la ansiedad, los investigadores realizaron un experimento en el que participaron 60 personas. Antes, indujeron de manera controlada una respuesta temporal de ansiedad para observar la reacción de las personas previo y después de escuchar los distintos ambientes.
Durante cerca de cinco minutos, los participantes observaron una serie de imágenes desagradables, como animales, sangre o escenas violentas, que fueron seleccionadas del International Affective Picture System, una base de datos que se utiliza en investigación para provocar y estudiar distintas respuestas emocionales.
Después de esa exposición, cada persona se colocó unos auriculares para escuchar uno de los cuatro paisajes sonoros en audio 3D y hubo un grupo de control que siguió una audioguía desarrollada por la OMS durante la pandemia, con ejercicios para ayudar a regular las emociones ante situaciones de estrés o ansiedad.
Además de preguntar a los participantes cómo se sentían, el equipo también midió su actividad cardíaca y la sudoración de la piel.
“La respuesta del corazón y la sudoración están muy ligadas a las respuestas del sistema nervioso autónomo, que se activa ante situaciones de amenaza o de alta activación y son reflejos casi directos de cambios emocionales transitorios”, dice Naal.
El protocolo contó con la aprobación del Comité de Investigación Clínica del Tec y con apoyo del Departamento de Consejería Emocional en caso de que algún participante requiriera atención psicológica.
Respuestas distintas ante paisajes sonoros
Los resultados del estudio mostraron que los paisajes sonoros asociados con emociones placenteras tuvieron efectos más claros. Por ejemplo, el parque ayudó a la recuperación emocional de los participantes, es decir, disminuyó los niveles de ansiedad y generó sensación de relajación y bienestar.
“También el concierto de música electrónica redujo los niveles de ansiedad, pero mantuvo la activación emocional”, es decir, fue estimulante, explica Naal.
En el caso del mercado también se mostró una disminución gradual de la ansiedad, pero en menor escala que en el parque y el concierto. Por otro lado, la zona de guerra causó niveles de ansiedad más altos, incluso mayores a los que generaron las imágenes, y también provocó una sensación desagradable y de alta activación emocional.
“El audio 3D, digamos, maximizó la respuesta esperada a los estímulos”, señala. “Si un estímulo ya iba a sentirse como placentero, presentarlo tal vez en formato 3D hace que se sienta un poco más placentero o que sea un poco más activante, estimulante”.
En cuanto a las mediciones fisiológicas, el equipo encontró diferencias en el ritmo cardíaco, dependiendo del paisaje sonoro y de si el diseño era para generar mayor o menor activación emocional.
Por ejemplo, en el parque disminuyó, pero en el concierto aumentó. Mientras tanto, la sudoración de la piel no mostró diferencias significativas entre los paisajes, lo que, para Naal, sugiere que es necesario integrar otro tipo de mediciones.
Los siguientes pasos del proyecto
Ahora, el equipo busca integrar tecnologías como la electroencefalografía para obtener más información sobre la respuesta del cerebro ante estos estímulos, combinar el audio 3D con experiencias visuales de realidad virtual y extendida, y estudiar su efecto ante otros estados emocionales, como el estrés.
Naal dice que aún falta avanzar en esta línea de investigación para convertir estos experimentos en soluciones; agrega que seguir estudiando la interacción entre los sentidos y las respuestas del organismo podría abrir la puerta al desarrollo de nuevas herramientas para atender problemas como la ansiedad.
“La idea es seguir investigando para más adelante poder sacar estas alternativas que puedan ser benéficas para la salud mental de las personas”, señala.
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