Antes de acercarse a las familias de la colonia Independencia, en Monterrey, para saber cómo viven el cuidado de sus hijos pequeños, un equipo del Centro de Primera Infancia del Tec de Monterrey tuvo que revisar, pregunta por pregunta, la encuesta RAPID desarrollada por el Stanford Center on Early Childhood, incluso para definir qué significa ser “persona cuidadora”.
Con más de 300 respuestas, los primeros resultados ya muestran que dos de cada tres mujeres dicen asumir la mayor parte del cuidado, una diferencia que se mantiene entre quienes tienen un trabajo remunerado.
Es la primera vez que la herramienta se adapta fuera de Estados Unidos. El Centro de Primera Infancia y la asociación Plan 2040 la aplicaron porque las encuestas nacionales miden salud, alimentación y economía, pero dejan fuera la experiencia diaria de quienes crían. La metodología y los hallazgos se presentaron el 6 de octubre en el Campus Monterrey.
En el evento participaron Guillermo Torre, rector de TecSalud y vicepresidente de Investigación; Adriana Gidi, directora asociada del Centro de Primera Infancia; Manuel Pérez, director del Centro de Primera Infancia; Oscar Tamez, investigador del Centro de Primera Infancia; Perla Pérez Treviño, investigadora del Centro de Primera Infancia; Marian Gámez, coordinadora de Acompañamiento de Plan 2040; y Alejandra Planas, coordinadora de Análisis y Formación de Plan 2040.
“La labor más importante del Centro de Primera Infancia es cómo hacemos que nuestro quehacer se convierta en accionable para el beneficio de las comunidades”, dijo Torre.
¿Cómo adaptar una encuesta para escuchar a las personas cuidadoras de primera infancia?
Para identificar qué conceptos, preguntas y respuestas había que modificar, el equipo trabajó con Philip Fisher, líder de la herramienta en Stanford.
Hacerlo no fue una tarea sencilla. “La tradujimos, contextualizamos e implementamos con el más alto nivel metodológico y científico”, dijo Gidi.
El proceso tuvo dos etapas principales. La primera consistió en que un panel de expertos revisara las preguntas para evaluar su relevancia, pertinencia y claridad.
Después, se realizaron pruebas con personas cuidadoras. En ellas, explicaban con sus propias palabras qué entendían de cada pregunta y sus opciones de respuesta. Esto permitió detectar términos poco claros, preguntas que podían resultar incómodas y conceptos que no reflejaban adecuadamente la experiencia local.
Que la encuesta fuera digital añadió un reto. Sin un encuestador que resolviera dudas, cada pregunta tenía que entenderse sin ayuda.
“No podíamos simplemente tomar la herramienta y aplicarla en la comunidad, no solo por barreras de idioma básicas, sino también por no entender lo que realmente queremos preguntar”, contó Tamez.
Así, conceptos que parecían sencillos, como “persona cuidadora” o “alimentación saludable”, tuvieron que revisarse.
Las mujeres asumen una mayor carga de cuidado
Los primeros resultados son preliminares, pero permiten observar cómo se organiza el cuidado en esta comunidad. Cerca del 75% de las familias reportaron una configuración en la que el padre y la madre participan como pareja; también se observan hogares con un solo cuidador y otros en los que las abuelas u otros familiares comparten las responsabilidades.
Además, los datos mostraron una distribución desigual del cuidado. Entre las mujeres participantes, dos de cada tres dijeron asumir la mayor parte de las tareas de cuidado. Los hombres, por su parte, coincidieron en que su pareja se encargaba en mayor medida de estas responsabilidades. Esta diferencia también se observó entre mujeres que tenían un trabajo remunerado.
“Más allá de la cifra, ¿qué implica saber que una mujer se encarga más del cuidado del hogar?”, cuestionó Pérez Treviño.
Sobre las necesidades económicas, el 80% de las personas cuidadoras reportó algún grado de dificultad para cubrirlas. Entre ellas, 31% señaló problemas para pagar servicios básicos como luz, agua o gas; 26%, para comprar alimentos; cerca de 20%, para cubrir internet y comunicación; 15%, atención médica, y 11%, vivienda.
En cuanto al bienestar emocional, siete de cada 10 participantes reportaron sentirse nerviosos, ansiosos o irritables al menos algunos días durante el último mes. Estos síntomas fueron más frecuentes entre quienes asumían una mayor parte del cuidado.
El futuro de RAPID MX
De acuerdo con los ponentes, uno de los principales aprendizajes de este proyecto es que conocer realmente a una comunidad requiere trabajar de la mano con ella.
“Implica estar con ellos, acompañarlos, entenderlos y elevar sus voces, escucharlos realmente con atención”, expresó Manuel Pérez.
Trabajar con Plan 2040 fue crucial, pues la asociación aportó el vínculo con las familias de Independencia, a las que acompaña mediante visitas domiciliarias.
“Uno de mis sueños siempre fue llegar a la carnita del asunto, entender cuáles son esas necesidades profundas que tienen”, compartió Planas.
A futuro, el equipo del Centro de Primera Infancia busca implementar la encuesta en otras comunidades y, posteriormente, llevarla a escala nacional.
El objetivo es que los datos cuantitativos y cualitativos de las experiencias de las familias se conviertan en información útil para orientar programas y políticas públicas que cuiden a la primera infancia.
“Detrás de cada indicador y de cada cifra existe una realidad más compleja”, dijo Gidi.
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