Reducir la corrupción es uno de los compromisos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La meta 16.5 plantea que los países deben reducir sustancialmente la corrupción en todas sus formas para 2030. El problema es que, hasta ahora, no estaba claro cómo medir si ese objetivo se está cumpliendo.
Para intentar resolver esta dificultad, un grupo de investigadoras del Tec de Monterrey desarrolló el Índice Multidimensional de Progreso contra la Corrupción (MIPAC, por sus siglas en inglés).
La propuesta parte de cuestionarse dos aspectos clave de la meta; uno: ¿cuáles son todas las formas de corrupción? y dos: ¿qué constituye una reducción sustancial?
Los dos indicadores existentes y más ampliamente utilizados para medir el progreso en combatir la corrupción se concentran en el soborno y no hay una definición concreta de qué exactamente significa que se reduzca de una forma considerable. Tampoco existe un año base uniforme para comparar los avances entre países.
“La corrupción no es así blanco y negro”, dice Bonnie Palifka, profesora investigadora de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tec de Monterrey y una de las desarrolladoras del MIPAC.
Para construir una alternativa, las investigadoras Palifka, Giovanna Rodríguez y Rocío García, combinaron dos clasificaciones: una basada en los actos corruptos y otra en los sectores o espacios donde pueden ocurrir.
Consideraron, entre otros fenómenos, sobornos, extorsión, tráfico de influencias, nepotismo, conflictos de interés, desvío de recursos públicos, fraude, malversación, compra de votos y financiamiento ilegal de campañas.
Al cruzar estas categorías con los distintos sectores y actores involucrados, construyeron un universo conceptual de 260 posibles dimensiones de corrupción.
¿Cómo funciona el MIPAC?
Una vez que habían definido su universo de posibilidades, revisaron las bases de datos públicas que estaban disponibles a nivel internacional y contaban con dos puntos en el tiempo. Lo que encontraron fue información comparable y suficiente para analizar 19 dimensiones.
“Uno de los retos más importantes es la existencia de datos para medir los diferentes tipos de corrupción de todos los países”, señala Palifka. “Las naciones islas tienen muy pocos datos”.
Esto es complejo porque dependen en buena medida de que los propios países los recopilen y reporten de manera consistente.
Una vez definidas las dimensiones, el análisis se basó en datos de 186 países, tomando el 2015 como año de referencia y comparándolo con el año más reciente disponible para cada dimensión.
Para responder el aspecto de la reducción sustancial, las investigadoras establecieron un umbral específico para cada dimensión, calculado a partir de la variación existente entre países en 2015 y del nivel de corrupción de cada uno.
Así, la metodología busca evitar que se considere significativo cualquier cambio pequeño y, al mismo tiempo, que los países que ya tenían niveles bajos de corrupción queden en desventaja.
El resultado final no es una calificación general de “más” o “menos” corrupto. El MIPAC cuenta en cuántas dimensiones un país logró una reducción sustancial de la corrupción.
Esto permite distinguir entre amplitud y profundidad del progreso: no es lo mismo mejorar ligeramente en muchos indicadores que conseguir reducciones significativas en varias formas de corrupción.

México ha avanzado poco contra la corrupción
Los resultados del MIPAC muestran que 137 de los 186 países analizados, alrededor del 70%, mejoraron sustancialmente en al menos una dimensión.
Las áreas donde más países avanzaron fueron el soborno relacionado con la policía y con trámites burocráticos. En contraste, la legislativa fue la dimensión con menor avance, con solo cinco países mostrando una mejora sustancial.
“Esto nos habla de que los países si están haciendo un esfuerzo por reducirla”, reflexiona la investigadora.
En México, el índice registró mejoras en nueve de las trece dimensiones disponibles, pero sólo tres alcanzaron el umbral sustancial, por lo que obtuvo una puntuación de 3.
La importancia de estos resultados y este índice radica en que permite identificar en qué frentes está avanzando cada país y dónde persisten los problemas.
La importancia de combatir la corrupción
Combatir la corrupción es importante pues afecta todos los objetivos de desarrollo sostenible, de acuerdo con las investigadoras.
Si existe, hay menos inversión en educación y afecta de muchas maneras la salud. “Durante COVID lo vimos mucho, para conseguir una cama para tu ser querido, necesitabas pagar un soborno o tener contactos”, recuerda Palifka.
También perpetúa la pobreza y afecta el medio ambiente al permitir la sobreexplotación de los recursos naturales y la contaminación, sin consecuencias, por parte de empresas y fábricas.
“Todo, todo lo que no deseamos es más fácil con la corrupción”, recalca Palifka.
El futuro del MIPAC y la lucha contra la corrupción
Las autoras reconocen que el MIPAC todavía enfrenta limitaciones como la disponibilidad de datos, ya que existe más información sobre experiencias ciudadanas que sobre corrupción empresarial o privada. Además, el índice mide cambios, pero no explica por qué ocurrieron ni si fueron consecuencia directa de una política anticorrupción.
Aun así, su metodología puede actualizarse conforme aparezcan nuevos datos y adaptarse a escalas subnacionales o con distintos objetivos También puede utilizarse para guiar políticas públicas.
En el caso de México, por ejemplo, las investigadoras plantean que podría construirse un MIPAC para comparar entidades federativas. “Nos gustaría ver que tomaran el método, al menos, para ver cómo vamos en los estados o municipios”, invita Palifka.
Entonces, más que ofrecer una fotografía definitiva de la corrupción mundial, el índice propone una nueva forma de observar su evolución: reconocer los avances concretos sin perder de vista las dimensiones que permanecen rezagadas.
En un fenómeno tan complejo y difícil de medir como la corrupción, saber exactamente dónde se está progresando puede ser tan importante como saber dónde todavía falta actuar.
“El 2030 viene ya muy pronto y yo no tengo claro si los países están cumpliendo con esta meta”. dice Palifka.
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